sábado, 31 de marzo de 2012

Entrevistas - Cambio de horario

Enviado desde mi BlackBerry® de Claro Argentina

From: Psicologia La Rioja <psicologialr@gmail.com>
Date: Sat, 31 Mar 2012 08:19:24 -0300
To: psicologia barcelo<psicologiabarcelo@gmail.com>
Subject: Cambio de horario

Estimados alumnos,
 
les informamos que las entrevistas de alumnos que realiza la Lic. Claudia francès Maza del dia jueves 12 de abril (por única vez), pasarà al día martes 10 de abril en los horarios de 8:00 a 12:00 y de 16:00 a 20:00. Atentamente,
 
Oficina de psicologìa

viernes, 30 de marzo de 2012

ANATOMIA - PROGRAMA

-Chicos vuelvo a enviar el programa. 

ACTIVIDADES DE SISTEMA MUSCULAR
1)RESPONDER EN LA PAG. 134 LAS PREGUNTAS 3,8 A LA 12

2) DAR TRES EJEMPLOS DE CADA GRUPO MUSCULAR Y UBICARLOS EN LAS LAMINAS DE LA PAGIMA 120 Y 121.

3) CONSIDERANDO LA COPIA ENTREGADA EN CLASE, EXPLICA LOS CONCEPTOS DESARROLLADOS EN EL TEXTO: ATROFIA, HIPERTROFIA, ENTRENAMIENTO DE FUERZA Y DE RESISTENCIA.

CUALQUIER DUDA ME PREGUNTAN. HASTA PRONTO PROF. ROSSI

Enviado desde mi BlackBerry® de Claro Argentina

martes, 27 de marzo de 2012

FILOSOFIA: ARISTÓTELES - Metafísica


Material enviado por el Prof. Gallardo para Fundamentos de Filosofía

ARISTÓTELES
Metafísica
Libro I.
I
El arte comienza, cuando de un gran número de nociones suministradas por la experiencia, se forma una sola concepción general que se aplica a todos los casos semejantes. Saber que tal remedio ha curado a Calias atacado de tal enfermedad, que ha producido el mismo efecto en Sócrates y en muchos otros tomados individualmente, constituye la experiencia; pero saber que tal remedio ha curado toda clase de enfermos atacados de cierta enfermedad, los flemáticos, por ejemplo, los biliosos o los calenturientos, es arte. En la práctica la experiencia no parece diferir del arte, y se observa que hasta los mismos que sólo tienen experiencia consiguen mejor su objeto que los que poseen la teoría sin la experiencia. Esto consiste en que la experiencia es el conocimiento de las cosas particulares, y el arte, por lo contrario, el de lo general. Ahora bien, todos los actos, todos los hechos se dan en lo particular. Porque no es al hombre al que cura el médico, sino accidentalmente, y sí a Calias o Sócrates o a cualquier otro individuo que resulte pertenecer al género humano. Luego si alguno posee la teoría sin la experiencia, y conociendo lo general ignora lo particular en el contenido, errará muchas veces en el tratamiento de la enfermedad. En efecto, lo que se trata de curar es al individuo. Sin embargo, el conocimiento y la inteligencia, según la opinión común, son más bien patrimonio del arte que de la experiencia, y los hombres de arte pasan por ser más sabios que los hombres de experiencia, porque la sabiduría está en todos los hombres en razón de su saber. El motivo de esto es que los unos conocen la causa y los otros la ignoran.
En efecto, los hombres de experiencia saben bien que tal cosa existe, pero no saben porqué existe; los hombres de arte, por lo contrario, conocen el porqué y la causa. Y así afirmamos verdaderamente que los directores de obras, cualquiera que sea el trabajo de que se trate, tienen más derecho a nuestro respeto que los simples operarios; tienen más conocimiento y son más sabios, porque saben las causas de lo que se hace; mientras que los operarios se parecen a esos seres inanimados que obran, pero sin conciencia de su acción, como el fuego, por ejemplo, que quema sin saberlo.(…)
Por otra parte, ninguna de las acciones sensibles constituye a nuestros ojos el verdadero saber, bien que sean el fundamento del conocimiento de las cosas particulares; pero no nos dicen el porqué de nada; por ejemplo, no nos hacen ver por qué el fuego es caliente, sino sólo que es caliente.(…)
Todo lo que sobre este punto nos proponemos decir ahora, es que la ciencia que se llama Filosofía es, según la idea que generalmente se tiene de ella, el estudio de las primeras causas y de los principios.
Por consiguiente, como acabamos de decir, el hombre de experiencia parece ser más sabio que el que sólo tiene conocimientos sensibles, cualesquiera que ellos sean: el hombre de arte lo es más que el hombre de experiencia; el operario es sobrepujado por el director del trabajo, y la especulación es superior a la práctica. Es, por tanto, evidente que la Filosofía es una ciencia que se ocupa de ciertas causas y de ciertos principios.

- II -


Puesto que esta ciencia es el objeto de nuestras indagaciones, examinemos de qué causas y de qué principios se ocupa la filosofía como ciencia; cuestión que se aclarará mucho mejor si se examinan las diversas ideas que nos formamos del filósofo. Por de pronto, concebimos al filósofo principalmente como conocedor del conjunto de las cosas, en cuanto es posible, pero sin tener la ciencia de cada una de ellas en particular. En seguida, el que puede llegar al conocimiento de las cosas arduas, aquellas a las que no se llega sino venciendo graves dificultades, ¿no le llamaremos filósofo? En efecto, conocer por los sentidos es una facultad común a todos, y un conocimiento que se adquiere sin esfuerzos no tiene nada de filosófico. Por último, el que tiene las nociones más rigurosas de las causas, y que mejor enseña estas nociones, es más filósofo que todos los demás en todas las ciencias; aquella que se busca por sí misma, sólo por el ansia de saber, es más filosófica que la que se estudia por sus resultados; así como la que domina a las demás es más filosófica que la que está subordinada a cualquiera otra. No, el filósofo no debe recibir leyes, y sí darlas; ni es preciso que obedezca a otro, sino que debe obedecerle el que sea menos filósofo.
Tales son, en suma, los modos que tenemos de concebir la filosofía y los filósofos. Ahora bien; el filósofo, que posee perfectamente la ciencia de lo general, tiene por necesidad la ciencia de todas las cosas, porque un hombre de tales circunstancias sabe en cierta manera todo lo que se encuentra comprendido bajo lo general. Pero puede decirse también que es muy difícil al hombre llegar a los conocimientos más generales; como que las cosas que son objeto de ellos están mucho más lejos del alcance de los sentidos.
Entre todas las ciencias, son las más rigurosas las que son más ciencias de principios; las que recaen sobre un pequeño número de principios son más rigurosas que aquellas cuyo objeto es múltiple; la aritmética, por ejemplo, es más rigurosa que la geometría. La ciencia que estudia las causas es la que puede enseñar mejor, porque los que explican las causas de cada cosa son los que verdaderamente enseñan. Por último, conocer y saber con el solo objeto de saber y conocer, tal es por excelencia el carácter de la ciencia de lo más científico que existe. El que quiera estudiar una ciencia por sí misma, escogerá entre todas la que sea más ciencia, puesto que esta ciencia es la ciencia de lo que hay de más científico. Lo más científico que existe lo constituyen los principios y las causas. Por su medio conocemos las demás cosas, y no conocemos aquéllos por las demás cosas. Porque la ciencia soberana, la ciencia superior a toda ciencia subordinada, es aquella que conoce el porqué debe hacerse cada cosa. Y este porqué es el bien de cada ser, que tomado en general, es lo mejor en todo el conjunto de los seres
De todo lo que acabamos de decir sobre la ciencia misma, resulta la definición de la filosofía que buscamos. Es imprescindible que sea la ciencia teórica de los primeros principios y de las primeras causas, porque una de las causas es el bien, la razón final. Y que no es una ciencia práctica lo prueba el ejemplo de los primeros que han filosofado. Lo que en un principio movió a los hombres a hacer las primeras indagaciones filosóficas fue, como lo es hoy, la admiración. Entre los objetos que admiraban y de que no podían darse razón, se aplicaron primero a los que estaban a su alcance; después, avanzando paso a paso, quisieron explicar los más grandes fenómenos; por ejemplo, las diversas fases de la Luna, el curso del Sol y de los astros y, por último, la formación del Universo. Ir en busca de una explicación y admirarse, es reconocer que se ignora. Y así, puede decirse que el amigo de la ciencia lo es en cierta manera de los mitos, porque el asunto de los mitos es lo maravilloso. Por consiguiente, si los primeros filósofos filosofaron para librarse de la ignorancia, es evidente que se consagraron a la ciencia para saber, y no por miras de utilidad. El hecho mismo lo prueba, puesto que casi todas las artes que tienen relación con las necesidades, con el bienestar y con los placeres de la vida, eran ya conocidas cuando se comenzaron las indagaciones y las explicaciones de este género. Es, por tanto, evidente que ningún interés extraño nos mueve a hacer el estudio de la filosofía. (…)

Libro IV

- I -

Hay una ciencia que estudia el ser en tanto que ser y los accidentes propios del ser. Esta ciencia es diferente de todas las ciencias particulares, porque ninguna de ellas estudia en general el ser en tanto que ser. Estas ciencias sólo tratan del ser desde cierto punto de vista, y sólo desde este punto de vista estudian sus accidentes; en este caso están las ciencias matemáticas. Pero puesto que indagamos los principios, las causas más elevadas, es evidente que estos principios deben de tener una naturaleza propia. Por tanto, si los que han indagado los elementos de los seres buscaban estos principios, debían necesariamente estudiar en tanto que seres. Por esta razón debemos nosotros también estudiar las causas primeras del ser en tanto que ser.
II
El ser se entiende de muchas maneras, pero estos diferentes sentidos se refieren a una sola cosa, a una misma naturaleza, no habiendo entre ellos sólo comunidad de nombre; mas así como por sano se entiende todo aquello que se refiere a la salud, lo que la conserva, lo que la produce, aquello de que es ella señal y aquello que la recibe; y así como por medicinal puede entenderse todo lo que se relaciona con la medicina, y significar ya aquellos que posee el arte de la medicina, o bien lo que es propio de ella, o finalmente lo que es obra suya, como acontece con la mayor parte de las cosas; en igual forma el ser tiene muchas significaciones, pero todas se refieren a un principio único. Tal cosa se llama ser, porque es una esencia; tal otra porque es una modificación de la esencia, porque es la dirección hacia la esencia, o bien es su destrucción, su privación, su cualidad, porque ella la produce, le da nacimiento, está en relación con ella; o bien, finalmente, porque ella es la negación del ser desde alguno de estos puntos de vista o de la esencia misma

Libro V

II -


Se llama Causa, ya la materia de que una cosa se hace: el bronce es la causa de la estatua, la plata de la copa y, remontándonos más, lo son los géneros a que pertenecen la plata y el bronce; ya la forma y el modelo, así como sus géneros, es decir, la noción de la esencia: la causa de la octava es la relación de dos a uno y, en general, el número y las partes que entran en la definición de la octava. También se llama causa al primer principio del cambio o del reposo. El que da un consejo es una causa, y el padre es causa del hijo; y en general, aquello que hace es causa de lo hecho, y lo que imprime el cambio lo es de lo que experimenta el cambio. La causa es también el fin, y entiendo por esto aquello en vista de lo que se hace una cosa. La salud es causa del paseo. ¿Por qué se pasea? Para mantenerse uno sano, respondemos nosotros; y al hablar de esta manera, creemos haber dicho la causa. Por último, se llaman causas todos los intermedios entre el motor y el objeto. La maceración, por ejemplo, la purgación, los remedios, los instrumentos del médico, son causas de la salud; porque todos estos medios se emplean en vista del fin. Estas causas difieren, sin embargo, entre sí, en cuanto son las unas instrumentos y otras operaciones. Tales son, sobre poco más o menos, las diversas acepciones de la palabra causa.
De esta diversidad de acepciones resulta que el mismo objeto tiene muchas causas no accidentales, y así: la estatua tiene por causas el arte del estatuario y el bronce, no por su relación con cualquier otro objeto, sino en tanto que es una estatua. Pero estas dos causas difieren entre sí; la una es causa material, la otra causa del movimiento. Las causas pueden igualmente ser recíprocas: el ejercicio, por ejemplo, es causa de la salud, y la buena salud lo es del ejercicio; pero con esta diferencia: que la buena salud lo es como fin y el ejercicio como principio del movimiento. Por último, la misma causa puede a veces producir los contrarios. Lo que ha sido por su presencia causa de alguna cosa, se dice muchas veces que es por su ausencia causa de lo contrario. Decimos: el piloto con su ausencia ha causado el naufragio de la nave; porque la presencia del piloto hubiera sido una causa de salvación. Pero en este caso, las dos causas, la presencia y la privación, son ambas causa del movimiento.
Todas las causas que acabamos de enumerar se reducen a las cuatro clases de causas principales. Los elementos respecto de las sílabas, la materia respecto de los objetos fabricados, el fuego, la tierra y los principios análogos respecto de los cuerpos, las partes respecto del todo, las premisas respecto de la conclusión, son causas, en tanto que son el punto de donde provienen las cosas; y unas de estas causas son sustanciales, las partes, por ejemplo; las otras esenciales, como el todo, la composición y la forma. En cuanto a la semilla, al médico, al consejero, y en general al agente, todas estas causas son principios de cambio o de estabilidad. Las demás causas son el fin y bien de todas las cosas; causa final significa, en efecto, el bien por excelencia, y el fin de los demás seres. Y poco importa que se diga que este fin es el bien real o que es sólo una apariencia del bien.
A estos géneros pueden reducirse las causas. Éstas se presentan bajo una multitud de aspectos, pero pueden reducirse también estos modos a un pequeño número. Entre las causas que se aplican a objetos de la misma especie, se distinguen ya diversas relaciones. Son anteriores o posteriores las unas a las otras; y así el médico es anterior a la salud, el artista a su obra, el doble y el número lo son a la octava; en fin, lo general es siempre anterior a las cosas particulares que en él se contienen. Ciertas causas están marcadas con el sello de lo accidental, y esto en diversos grados. Policleto es causa de la estatua de una manera, y el estatuario de otra; sólo por accidente en el estatuario Policleto. Además hay lo que contiene lo accidental. Así, el hombre, o ascendiendo más aún, el animal, es la causa de la estatua, porque Policleto es un hombre, y el hombre es un animal. Y entre las causas accidentales, las unas son más lejanas, las otras son más próximas. Admitimos que se diga que la causa de la estatua es el blanco, es el músico; y no Policleto o el hombre.
Además de las causas propiamente dichas y de las causas accidentales, se distinguen también las causas en potencia y las causas en acto; como, por ejemplo, el arquitecto constructor de edificios y el arquitecto que está construyendo un edificio dado. Las mismas relaciones que se observan entre las causas, se observan igualmente entre los objetos a que ellas se aplican. Hay la causa de esta estatua en tanto que estatua, y la de la imagen en general; la causa de este bronce es tanto que bronce, y en general la causa de la materia. Lo mismo sucede respecto a los accidentes. Finalmente, las causas accidentales y las causas esenciales pueden encontrarse reunidas en la misma noción; como cuando se dice, por ejemplo, no ya Policleto, ni tampoco estatuario, sino Policleto estatuario.
Los modos de las causas son en suma seis, y estos modos son opuestos dos a dos. La causa propiamente dicha es particular o general, la causa accidental es igualmente particular o general: las unas y las otras pueden ser combinadas o simples. Por ejemplo, todas estas causas existen en acto o en potencia. Pero hay esta diferencia entre ellas; que las causas en acto, lo mismo que las causas particulares, comienzan y concluyen al mismo tiempo que los efectos que ellas producen: este médico, por ejemplo, no cura sino en cuanto trata a este enfermo, y este arquitecto no es constructor sino en cuanto construye esa casa. No siempre sucede así con las causas en potencia; la casa y el arquitecto no perecen al mismo tiempo.

 - VII -


El Ser se entiende de lo que es accidentalmente o de lo que es en sí. Hay, por ejemplo, ser accidental, cuando decimos: el justo es músico, el hombre es músico, el músico es hombre. Lo mismo poco más o menos, que cuando decimos que el músico construye, es porque es accidental que el arquitecto sea músico o el músico arquitecto; porque, cuando se dice: una cosa es esto o aquello, significa que esto o aquello es el accidente de esta cosa; lo mismo que, volviendo a nuestro asunto, si se dice: el hombre es músico o el músico es hombre, o bien: el músico es blanco o el blanco es músico, es, en el último caso, porque uno y otro son accidentes del mismo ser. El músico no es hombre, sino porque el hombre es accidentalmente músico. En igual forma no se dice que el no blanco es, sino porque el objeto del cual es accidente, es.
El ser toma el nombre de accidental, bien cuando el sujeto del accidente y el accidente son ambos accidentes de un mismo ser; o cuando el accidente se da en un ser; o, por último, cuando el ser, en que se encuentra el accidente, es tomado como atributo del accidente.
El ser en sí tiene acepciones como categorías hay, porque tantas cuantas se distingan otras tantas son las significaciones dadas al ser. Ahora bien, entre las cosas que abrazan las categorías, unas son esencias, otras cualidades, otras designan la cantidad, otras la relación, otras la acción o la pasión, otras el lugar, otras el tiempo: el ser se toma en el mismo sentido que cada uno de estos modos. En efecto, no hay ninguna diferencia entre estas expresiones: el hombre es convaleciente y el hombre convalece; o entre estas: el hombre es andante y el hombre anda. Lo mismo sucede en todos los demás casos. (…)

VIII -


Sustancia se dice de los cuerpos simples, tales como la tierra, el fuego, el agua y todas las cosas análogas; y en general, de los cuerpos, así como de los animales, de los seres divinos que tienen cuerpo y de las partes de estos cuerpos. A todas estas cosas se llama sustancias, porque no son los atributos de un sujeto, sino que son ellas mismas sujetos de otros seres. Desde otro punto de vista, la sustancia es la causa intrínseca de la existencia de los seres que no se refiere a un sujeto: el alma, por ejemplo, es la sustancia del ser animado.(…)
Por último, el carácter propio de cada ser, carácter cuya noción es la definición del ser, es la esencia del objeto, su sustancia misma, de aquí se sigue que la palabra sustancia tiene dos acepciones: o designa el último sujeto, el que no es atributo de ningún ser, o el ser determinado, pero independiente del sujeto, es decir la forma y la figura de cada ser.
Libro VII
                                                            I
El ser se entiende de muchas maneras, según lo hemos expuesto más arriba, en el libro de las diferentes acepciones. Ser significa, ya la esencia, la forma determinada, ya la cualidad, la cantidad o cada uno de los demás atributos de esta clase. Pero entre estas numerosas acepciones del ser, hay una acepción primera; y el primer ser es sin contradicción la forma distintiva, es decir, la esencia. En efecto, cuando atribuimos a un ser tal o cual cualidad, decimos que es bueno o malo, etc., y no que tiene tres codos o que es un hombre, cuando queremos, por lo contrario, expresar su naturaleza, no decimos que es blanco o caliente ni que tiene tres codos de altura, sino que decimos que es un hombre o un dios. Las demás cosas no se las llama seres, sino en cuanto son: o cantidades del ser primero, o cualidades, o modificaciones de este ser, o cualquier otro atributo de este género. No es posible decidir si andar, estar sano, sentarse son o no seres, y lo mismo sucede con todos los demás estados análogos. Porque ninguno de estos modos tiene por sí mismo una existencia propia; ninguno puede estar separado de la sustancia.
Este sujeto es la sustancia, es el ser particular, que aparece bajo los diversos atributos. Bueno, sentado, no significan nada sin esta sustancia. Es evidente que la existencia de cada uno de estos modos depende de la existencia misma de la sustancia. En vista de esto, es claro que la sustancia será el ser primero, no tal o cual modo del ser, sino el ser tomado en su sentido absoluto.
Primero se entiende en diferentes sentidos; sin embargo, la sustancia es absolutamente primera bajo la relación de la noción, del conocimiento, del tiempo y de la naturaleza. Ninguno de los atributos del ser puede darse separado; la sustancia es la única que tiene este privilegio, y en esto consiste su prioridad bajo la relación de la noción. En la noción de cada uno de los atributos es necesariamente preciso que haya la noción de la sustancia misma, y creemos conocer mejor una cosa cuando sabemos cuál es su naturaleza; por ejemplo, qué es el hombre o el fuego, mejor que cuando sabemos cuál es su calidad, su cantidad y el lugar que ocupa. Sólo llegamos a tener un conocimiento perfecto de cada uno de estos mismos modos cuando sabemos en qué consiste, y qué es la cantidad, qué es la cualidad. Así el objeto de todas las indagaciones pasadas y presentes; la pregunta que eternamente se formula: ¿qué es el ser?, viene a reducirse a ésta: ¿qué es la sustancia?

Libro IX

- V -

Unas potencias son puestas en nosotros por la naturaleza, como los sentidos; otras nos vienen de un hábito contraído, como la habilidad de tocar la flauta; y otras son fruto del estudio, por ejemplo, las artes. Es preciso que haya habido un ejercicio anterior para que poseamos las que se adquieren por el hábito o por el razonamiento; pero las que son de otra clase, así como las potencias pasivas, no exigen este ejercicio. Potente es el que puede algo en cualquiera circunstancia y manera y con todos los demás caracteres que entran necesariamente en la definición. Ciertos seres que pueden producir el movimiento racionalmente, y sus potencias son racionales, mientras que los otros están privados de razón y sólo tienen potencias irracionales; las primeras residen necesariamente en un ser animado, mientras que éstas residen en seres animados y en seres inanimados. Respecto a las potencias de esta última especie, desde que el ser pasivo y el ser activo se aproximan en las condiciones requeridas por la acción de la potencia, entonces es necesario que el uno obre y el otro padezca la acción; pero esto no es necesario en las potencias de la otra especie. Esto consiste en que cada una de las primeras, todas sin excepción, sólo producen un solo efecto, mientras que cada una de las racionales produce lo contrario.
La potencia, se dirá, produce entonces simultáneamente lo contrario. Pero esto es imposible. Es preciso, por tanto, que exista alguna otra cosa que determine el modo, la acción; como por ejemplo, el deseo o la resolución. La cosa cuya realización se desee, será la cosa que deberá realizarse cuando haya verdaderamente potencia y el ser activo esté en presencia del ser pasivo. Luego desde el momento en que el deseo se deje sentir en él, el ser dotado de una potencia racional hará la cosa que tiene poder de hacer con tal que la condición requerida se cumpla. Ahora bien, la condición de su acción es la presencia del objeto pasivo y cierta manera de ser en este objeto. En el caso contrario habría imposibilidad de obrar. Por lo demás, no tenemos necesidad de añadir que es indispensable que ningún obstáculo exterior impida la acción de la potencia. Un ser tiene la potencia en tanto que tiene poder de obrar; poder, no absoluto, sino sometido a ciertas condiciones, en las que va embebida la de que no habrá obstáculos exteriores. La supresión de éstos es la consecuencia misma de algunos caracteres que entran en la definición de potencia. Por esto la potencia no puede producir a un tiempo, bien se quiera o desee, dos efectos, o los efectos contrarios. No tiene el poder de producirlos simultáneamente, ni tampoco el poder de producir simultáneamente efectos diversos. Lo que puede hacer es lo que hará.

- VI -


Hemos hablado de la potencia motriz; ocupémonos del acto y determinemos qué es el acto y cuáles son sus modos. Esta indagación nos llevará a demostrar que por potente no se entiende sólo lo que tiene la propiedad de mover otra cosa, o de recibir de ella el movimiento; movimiento propiamente dicho, o movimiento de tal o cual naturaleza, sino que tiene también otras significaciones, y fijaremos estas significaciones en el curso de esta indagación. El acto es respecto a un objeto, el estado opuesto a la potencia: decimos, por ejemplo, que el Hermes está en potencia en la madera; que la mitad de la línea está en potencia en la línea entera, porque podría sacarse de ella. Se da igualmente el nombre de sabio en potencia hasta al que no estudia, si puede estudiar. Puede concluirse de estos diferentes ejemplos particulares lo que entendemos por acto, no precisamente para definirle con exactitud, pues debemos a veces contentarnos con analogías. El acto será el ser que construye, relativamente al que tiene la facultad de al que duerme; el ser que ve de ver; el objeto que sale de la materia, relativamente a la materia; lo hecho, con relación o lo no hecho. Demos el nombre de acto a los primeros términos de estas diversas relaciones; los otros son la potencia.
Acto no se entiende siempre de la misma manera como no sea por analogía. Se dice: tal objeto está en tal otro, o es relativamente a tal otro; se dice igualmente: tal objeto está en acto en tal otro, o es relativamente a tal otro. Porque el acto significa tan pronto el movimiento relativamente a la potencia, como la esencia relativamente a una cierta materia. La potencia y el acto, respecto del infinito, del vacío y de todos los seres del género se entienden de otra manera que respecto de la mayoría de los demás seres tales como lo que se ve, lo que anda o que es visto. En estos últimos casos la afirmación de la existencia puede ser verdadera, ya absolutamente, ya en tal circunstancia dada. Visible se dice, o de lo que es visto realmente, o de lo que puede ser visto. Pero la potencia respecto al infinito no es de una naturaleza tal que el acto pueda jamás realizarse, como no sea por el pensamiento; en tanto que la división se prolonga hasta el infinito, se dice que el acto de la división existe en potencia, pero no existe jamás separado de la potencia.
Como todas las acciones que tienen un término no constituyen ellas mismas un fin, sino que tienden a un fin, como el fin de la demacración que es el enflaquecimiento; tales acciones como la demacración son ciertamente movimientos, pero no son el fin del movimiento. Estos hechos no pueden considerarse como actos, como actos completos, porque no constituyen un fin, sino solamente tienden a un fin y al acto. Se puede ver, concebir, pensar y haber visto, concebido, pensado; pero no se puede aprender y haber aprendido la misma cosa, curar y haber sido curado; se puede vivir bien y haber vivido bien, ser dichoso y haber sido dichoso todo a la vez; sin esto sería preciso que hubiera puntos de detenida en la vida, como puede suceder con la demacración; pero jamás se ha verificado esto: se vive y se ha vivido. De estos diferentes modos llamaremos a los unos movimientos, a los otros actos, porque todo movimiento es incompleto, como la demacración, el estudio, la marcha, la construcción; y los diferentes modos incompletos. No se puede dar un paso y haberle dado al mismo tiempo, construir y haber construido, devenir y haber devenido, imprimir o recibir un movimiento y haberle recibido. El motor difiere del ser en movimiento; pero el mismo ser, por el contrario, puede al mismo tiempo ver y haber visto, pensar y haber pensado: estos últimos hechos son los que yo llamo actos; los otros no son más que movimientos. Estos ejemplos, o cualquier otro del mismo género, bastan para probar claramente qué es el acto y cuál es su naturaleza.






lunes, 26 de marzo de 2012

[Pagina12WEB] Noticia enviada por psiconauta

La ventana  |  Miércoles, 21 de marzo de 2012
medios y comunicación

Educación y lenguaje

A propósito de una nota sobre Conectar Igualdad, aparecida en esta misma sección, Marcelo Lafón sostiene que el acto de enseñanza-aprendizaje requiere de un paso previo al uso de tal o cual herramienta didáctica: definir los contenidos.

Por Marcelo Lafón *

Hay un acuerdo generalizado en que el Programa Conectar Igualdad implica mucho más que la mera provisión de una netbook al estudiante. En ese "mucho más", la netbook, como herramienta tecnológica aplicada en clase, estaría marcando un antes y un después de lo que hasta acá aconteció en el aula. Pero quedarnos en la favorable recepción que estudiantes y docentes han hecho de la provisión de las netbooks puede llevar a construirnos una representación del acontecer educativo más ilusorio que real y concreto. El riesgo que se corre es el de terminar confundiendo la ficción con la realidad, peligro que se ahonda si del ámbito escolar se trata.

Al respecto, entendemos que la nota de Luciano Sanguinetti (22/02/12) en esta sección, no logra penetrar en los desafíos pedagógicos que la utilización de las nuevas herramientas informáticas de la información y la comunicación traen aparejados en clase. Para quienes enseñamos en el aula la pregunta no es ¿qué sigue? (a propósito de la entrega de tres millones de computadoras) sino ¿qué enseñamos?, ¿por qué? y ¿para qué?

Ayer y hoy, el acto de enseñanza-aprendizaje requiere de un paso previo al uso de tal o cual herramienta didáctica: definir los contenidos que se van a desarrollar en el aula. Este es un requisito ya no, meramente metodológico sino, y fundamentalmente, ético-político, si por tal cosa entendemos las respuestas que el docente le ha dado a aquellos interrogantes. Recién entonces, en función de las respuestas, se recurrirá al uso de diversas herramientas didácticas incluidas las netbooks.

Es acá donde nos encontramos con algunos desafíos del siglo XXI que se presentan en el ámbito educativo y que no se nos pueden escapar ante los destellos de la pantalla. Uno de ellos –y a nuestro criterio, fundamental– es la pérdida del lenguaje escrito. Hoy nos encontramos con nuevas generaciones de estudiantes portadores de un vocabulario reducido y empobrecido: con aproximadamente trescientas palabras estos jóvenes pretenden dar cuenta del mundo y la sociedad. Estamos en presencia de un veloz y grave empobrecimiento del lenguaje que, para Ricardo Forster, implica el siguiente escenario: "Allí donde el lenguaje se va vaciando y empobreciendo, cuando con un par de cientos de vocablos organizamos nuestras relaciones con las personas y las cosas, el habla va quedando colonizada por una lógica que la vuelve un instrumento servil de culturas organizadas alrededor de lo massmediático y los dispositivos tecnológicos, del dominio de una imagen que no guarda la posibilidad de reflexionar". 1

Ese es el marco cultural en el que batallamos los docentes al considerar las dimensiones ético-políticas del lenguaje: no solamente como la capacidad de comunicar/se, sino la consideración del mismo como un lugar que expresa, construye y refuerza relaciones de poder. La facultad crítica, como señala Franco Berardi, presupone "la secuencialidad de la escritura, la posibilidad de juzgar en secuencias el carácter de verdad y falsedad de los enunciados. En esas condiciones era posible la discriminación crítica que caracterizó las formas culturales de la modernidad. Pero en la esfera de la comunicación videoelectrónica la crítica ha sido sustituida por una forma de pensamiento mitológico, y la capacidad de discriminar entre la verdad y la falsedad de los enunciados se vuelve irrelevante". 2

Si trasladamos estas reflexiones al ámbito escolar, nos encontramos con que el esfuerzo, tiempo y dedicación que requiere la lectoescritura pretende ser reemplazada por el lenguaje visual que pasa a ser la lengua franca de las nuevas generaciones. En estas condiciones pedagógicas, la pregunta ¿qué sigue?, luego de la entrega de las netbooks, entraña el inmenso peligro político-educativo de asimilar la brecha digital a la brecha cognitiva. Y es que, mientras la primera es –en lo fundamental, aunque no absolutamente– una cuestión técnica, la brecha cognitiva hace referencia a la posibilidad o no de efectuar operaciones mentales que requieren de capacidades intelectuales sin necesidad de instrumentales técnicos. Adquirir competencias cognitivas tales como la contrastación de hipótesis, la jerarquización de contenidos, inferencia, deducción, etc., serán factibles de ser alcanzadas por quienes posean mayor capacidad de abstracción fruto del manejo de un lenguaje conceptual amplio, rico y variado; competencias que no podrán alcanzar quienes sólo manejan un lenguaje perceptivo (concreto). De ahí que, tender a la igualdad social en el campo de la educación y la comunicación, requiere afincarse en las preguntas ¿qué enseñamos?, ¿por qué? y ¿para qué? como núcleo fundante de la reconquista de un lenguaje colonizado por los dispositivos tecnológicos.

Considerar a la computadora como lo que es, un excelente soporte técnico, una herramienta didáctica subordinada a los contenidos, habilita volver a adjudicarle a la tarea docente la posibilidad de creación ético-política que el devenir socio-histórico requiere. Que los resplandores y fulgores tecnológicos no nos impidan ver lo que hay detrás de las estridencias técnico-culturales de la posmodernidad.

1 Forster, R., Entrevista con Página12el 8 de febrero del 2005.

2 Berardi, F., Generación Post-Alfa: Patalogías e imaginarios en el semiocapitalismo, Bs. As., Tinta Limón, 2007, pág. 78.

* Profesor en Historia. Docente del CPEM Nº 64 de Neuquén Capital.

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[Pagina12WEB] Noticia enviada por psiconauta

Psicología  |  Jueves, 22 de marzo de 2012
Hijos de mujeres violadas

"Yo soy eso que le pasó a mi mamá"

Por Andrea Homene *

Madrugada de invierno en la guardia de un hospital público. Una norma implícita dice que nadie puede mencionar que la guardia viene tranquila, no vaya a ser que todo cambie de pronto. Cábalas de trabajadores de la salud. Y efectivamente, luego de pensar en que tal vez la jornada termine sin más sobresaltos se escucha la sirena de un patrullero seguida del sonido de la ambulancia. Ingresan una camilla con una joven adolescente, con ataduras caseras en sus muñecas. Sangra mucho, rápidamente la ubicamos en el shock room y los cirujanos corren a atenderla. Carolina ha intentado suicidarse. No es la primera vez, nos cuenta un familiar presa de la angustia. Lo hace a menudo, y es probable que un día consiga quitarse la vida.

Al día siguiente, pasada la urgencia clínica, la entrevisto. Carolina tiene 16 años. Cuenta que desde muy chica siente muchas ganas de matarse; que desde los doce años lo intenta, y que lamenta que esta vez la descubrieran cuando se había encerrado en el baño. Ha probado ya distintas maneras de quitarse la vida y asegura que la próxima vez no va a fallar. Habla de su madre: "Nunca me quiso"; "De parte de ella, sólo he sentido odio". No soporta la mirada de la madre, que describe como "de desprecio". Dice que no tiene fotos de bebé; mejor dicho, no tiene ninguna foto. Y que, de tanto preguntarse y preguntar los motivos por los que siempre se ha sentido sola y vacía, finalmente su madre le confesó lo que era un secreto bien guardado pero mal disimulado: Carolina es producto de la violación de su madre.

Un familiar cercano, ya muerto, abusó sexualmente de la madre, a los 14 años, cuantas veces quiso, hasta que la dejó embarazada. Su madre, continúa Carolina, no supo qué hacer. No quería tenerla, ocultó el embarazo hasta que la panza resultó evidente. Cuando el padre de la madre se enteró, le dio una paliza, descreyendo de lo que ella le había contado sobre las violaciones. Después, quiso regalar a Carolina, pero no la dejaron. Así fue como se la quedó, sin ninguna posibilidad de hacer de "eso", producto de la violación, una niña hija de algún deseo. "Eso." Así es como se nombra Carolina: "Yo soy eso que le pasó a mi mamá, y no quiero vivir más".

La Corte Suprema de Justicia de la Nación acaba de emitir un fallo en el que admite que no sea castigada una adolescente que había sido violada y que, como consecuencia de esa violación, quedó embarazada y decidió abortar. Asimismo, quedan exentos de consecuencias penales los médicos que lo practiquen, con el consentimiento otorgado por la mujer mediante una declaración jurada, sin requerir de autorización judicial. En otros casos, la judicialización ha derivado en la imposibilidad de consumar el aborto, debido a que al producirse los fallos el embarazo estaba tan avanzado que ya era imposible.

Como se ve en el caso presentado, la violación no sólo trae consecuencias tremendas para el psiquismo de la mujer violada: también tiene consecuencias sobre el hijo, producto de la violación, en relación con el lugar que ha de ocupar en el deseo materno; en relación con esas miradas, a veces odiantes, a veces despectivas, a veces hasta piadosas, de las que el niño puede ser objeto sin saber consciente que las decodifique.

No debiera desconocerse –por respeto a la dignidad, al deseo– que la ausencia absoluta de un deseo vital del que sostenerse puede hacer que la vida de un niño, resultado de una violación, esté signada por lo mortífero. Carolina lo pone en acto. Quiere matarse, no hay vida posible para ella. Su marca de origen signa su destino y la condena a vivir con un inmenso pesar que le resulta insoportable. Nadie quiso que ella viviera; ella tampoco quiere. Es el recuerdo permanente del horror padecido.

El fallo de la Corte sienta las bases para el tratamiento del aborto no punible en el Congreso. El debate está abierto, pero resulta imprescindible oír la voz de los mudos: las mujeres violadas, los hijos producto de esa violación, su sufrimiento, el sentimiento de culpa que los invade, la vergüenza que sienten al contarlo, como si ellos, los hijos, fueran responsables del acto aberrante que les dio origen.

* Autora del libro Psicoanálisis en las trincheras. Práctica analítica y derecho penal (ed. Letra Viva).

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Psicología  |  Jueves, 22 de marzo de 2012
Acerca de la transgresión

Necesidad de lo prohibido

La autora investiga la presencia de la transgresión en los mitos del origen y señala que "la transgresión es fugaz: tan pronto como se realiza, expira y nos enfrenta con una frontera vedada y destruida".

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Por Esther Díaz *

Al iluminar nuestros orígenes –donde el mito se entreteje con la historia–, ante nuestros ojos asombrados desfilan asesinatos, estupros, traiciones, incestos, parricidios y fratricidios. Figuras y conceptos que se podrían expresar en pocas palabras: hablemos de transgresión. Miremos hacia Grecia arcaica. Aparece un rey paranoico, Layo, que ordena asesinar a su pequeño hijo. El temor era que, en algún momento, ese puñado de vida palpitante quisiera deshacerse de él y quedarse con su mujer y con su reino. Si medimos este acto desde el imaginario actual, cabe preguntarse hasta qué punto el delirio persecutorio del padre no se convierte en mandato irrevocable para el hijo, ¿Por qué casi todos los ojos psicoanalíticos se iluminan ante la neurosis de Edipo pero no ven la paranoia paterna? Sea como fuere, el mito arcaico devino teoría psicológica, que en última instancia no deja de ser un mito del siglo XX.

Veamos otro caso. La princesa Rea Silvia se enamora de su padre –Numitor– el soberano de Alba, la antecesora mítica de Roma. Dos gemelos nacieron del incesto. El rey ordenó asesinarlos. Alucinaba futuras traiciones de sus descendientes. El desencadenante de la persecución paterna es similar al de Layo: un trenzado de celos y recelos. También estos niños fueron salvados de manera increíble y, siendo adultos, Rómulo mató a su hermano por una cuestión de límites. Sabido es que no se debe transitar por encima del trazado de la ciudad, pero Remo, herido porque los augurios habían dictaminado que la ciudad se fundara en la colina elegida por su hermano, transgredió la norma, entre despechado y socarrón. Rómulo no lo toleró y le hizo pagar con la vida por la contravención "municipal". En cambio, él no pagó por el fratricidio.

Desde tiempos inmemoriales, los grandes imperios, las revoluciones científicas (y las otras) e incluso las religiones se gestan (y suelen conservarse) transgrediendo. Según la tradición judeocristiana, Caín y Abel pertenecen a la primera generación de humanos. Caín es labrador y su hermano pastor. El primero le ofrece al Señor los más prístinos frutos de la tierra: trigo, legumbres, hierbas olorosas, frutas. Abel, por su parte, le ofrenda las primicias de sus crías: cabritos, lechones, mamones. Dios –que evidentemente no es vegetariano– acepta únicamente la ofrenda del ganadero. Caín, el agricultor, no soporta el desprecio y, enceguecido de celos, mata a su hermano. Caín, a pesar de la ira divina, construyó, sembró, fornicó y tuvo una prole numerosa, fruto de la obvia unión incestuosa con una de sus hermanas, después de matar al hermano de ambos. No tenía otra posibilidad si aspiraba al himeneo y a ser el único líder de la primera ciudad terrenal.

Otro mito del Antiguo Testamento cuenta que un faraón ordena la matanza de todos los niños judíos que habitan su reino. Teme que los extranjeros le usurpen sus dominios. La madre de uno de ellos y la propia hija del soberano transgreden el imperativo real y salvan al pequeño Moisés. La desobediencia de las leyes cívicas fue la condición de posibilidad para gestar uno de los líderes más importantes del pueblo de Dios. Otra transgresión forzosa, si se considera que posibilitó la reafirmación de una nación.

Contemplemos por último el Nuevo Testamento. Una muy joven recientemente casada transgrede la fidelidad matrimonial y, en lugar de fecundar un hijo con su marido, lo hace con uno de los integrantes del trinomio divino. Esta anomalía no sólo no es condenada. Por el contrario, esa mujer es venerada por los siglos de los siglos y Jesús, el fruto de la extraña unión, hace milenios que reina sobre uno de los tres monoteísmos vigentes. Por lo demás, también ese niño había sido condenado a muerte en una matanza colectiva de recién nacidos de la que salió indemne. Pero sí es digno de destacarse que la religión que fundó se sostiene a fuerza de normas violadas o escamoteadas. Valgan como ejemplo los curas pedófilos.

La transgresión no niega lo prohibido, lo completa. El deseo es la fuente de toda transgresión; ocupa el volumen histórico que en otros tiempos ocupaba Dios, que ha muerto. Esta carencia ha enturbiado los parámetros. Dostoievsky sostenía que, si Dios no existiera, todo estaría permitido. Entiendo que, más que a la divinidad, se refería a las normas y deberes que estrían el entramado social. Sin reglas, la transgresión no se realiza ni parece posible mantener cierto equilibrio comunitario sostenido por lo sagrado, a veces apuntalado por lo profano. Valores higiénicos, políticos, morales, económicos, informáticos y de seguridad ciudadana.

Las prohibiciones son meras palabras, conceptos consensuados, sostenidos y controlados por el poder. Es cierto que esas palabras represoras son performativas, ya que su enunciación produce efectos. Los símbolos, cuando establecen normas, operan como ideas regulativas de conductas. Por ejemplo, si se establece la prohibición del incesto en una cultura que lo practicaba "naturalmente", se instaura al mismo tiempo la posibilidad de transgredir, con esa práctica que hasta ayer no más era "normal".

Existen transmutaciones valorativas; imperativos emanados del discurso religioso que son cooptados por el jurídico. Otras provienen del discurso médico y se impregnan de valores éticos. Pero movilizando cualquier transgresión siempre está la ilusión de un placer devenido del acto transgresor. El placer es estirpe del deseo y el deseo –desde su trasfondo mítico y psicológico– siempre es erótico, placer y desasosiego, se trate de la guerra, el trabajo, la economía o la familia. Michel Foucault (Prefacio a la transgresión, Buenos Aires, Tribial, 1993) considera que, lejos de haber liberado la sexualidad, nuestra época sin Dios la ha llevado exactamente hacia su límite, a las fronteras de la conciencia.

La sexualidad está imbuida de tabú y es el límite de la ley porque contiene en sí la totalidad de lo prohibido. El tabú, antepasado de la moral y del derecho, trata de imponer orden al caos. Su justificación es la armonía del accionar comunitario. Subyace en nuestras formaciones culturales y se trasviste de moral, justicia, orden y hasta de leyes científicas. Su funcionalidad permanece intacta, se trata de la economía del poder racional –o racionalizado– enfrentándose con el derroche de los sentidos. Sin racionalidad que los contenga, ley que los amilane ni poder que los detenga.

Una ley siempre prohíbe, incluso cuando otorga. Se otorga libertad para que dos personas contraigan matrimonio legalmente, pero se prohíbe tácita aunque terminantemente que se realicen matrimonios compuestos por mayor número de personas. Se permite salir de un país e ingresar a otro, aunque está totalmente vedado hacer uso de esa ley sin poseer los documentos requeridos. Ley es límite.

La ley y el erotismo contienen en sí la posibilidad de todas las transgresiones, pero necesitan lo prohibido como condición de su existencia. La sexualidad produce profanaciones sin objeto, vacías y replegadas sobre sí mismas. No existe un vaciamiento raigal del deseo, existe más abundancia que carencia. Pulsión, acción, creación, contienda, frenesí y hasta revolución. A veces crimen pero siempre acción (material o pensante). La vacuidad de sentido reside en el objeto, no en el deseo que no deja de excederse. Ese deseo exacerbado que cuando se enrosca consigo mismo se autoaniquila en el placer. "Simone, cuya conducta durante la orgía había sido más infernal que nunca, no podía olvidar que el orgasmo imprevisto, provocado por su propio impudor, por los gemidos y por la desnudez de Marcelle, había superado en potencia todo lo que ella había imaginado hasta entonces." (Bataille, George, Historia del ojo, Barcelona, Tusquets, 1993.)

El término "sexualidad" acaeció en la historia en el momento mismo en que se tomó plena conciencia de la muerte de Dios. Acontecimiento que se manifiesta en la modernidad. No porque Dios hubiera muerto recién en el siglo XVIII –ese crimen se venía perfeccionado desde los comienzos de la filosofía–, sino porque la racionalidad moderna desacralizó los guiñapos de Dios que aún subsistían. No me refiero al Dios de las religiones morales y monoteístas. Ellas nacieron, se desarrollan y existen sin rastro alguno de sacralidad. Se regodean simplemente con el cadáver divino y, dentro de ellas, tampoco me refiero a Jesús, cuyo monoteísmo y moralismo lo convierten también en un nihilista. Me refiero al politeísmo, al ballet de los valores recreados, a lo sagrado como sentido, al tiempo como enigma, a un presente intermitente y perpetuo, dionisíaco.

La transgresión es tan fugaz como un suspiro. Tan pronto como se realiza, expira y nos enfrenta con una frontera vedada y destruida. La prohibición, esa marioneta del poder, existe para ser violada. No hay prohibición que no pueda ser desobedecida. Incluso a veces permitida o exigida. La fiesta es permitida (Bataille, George, El erotismo, Barcelona, Tusquets, 1985). Los cuerpos y las almas enfiestadas se llenan de intensidad. Algo se abre en la fiesta, que es transgresión instituida, mientras que el estado de excepción es transgresión exigida. La suspensión de la ley por la Justicia misma es su autonegación, estado de excepción. El nazismo gobernó todo el tiempo bajo el dominio de ese estado (Agamben, Georgio, Estado de excepción, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2007). Los countries y las villas miseria también se sostienen en algo semejante (Díaz, Esther, Las grietas del poder, Buenos Aires, Biblos, 2010).

La guerra es el estado de excepción por excelencia. "No matar": el mandamiento pretendidamente universal se anula a sí mismo cuando se declara la guerra. Georges Bataille se refiere a la contradicción del imperativo de no matar matando. El sacerdote, de cuya boca y escrituras surge la prohibición de matar, bendice con pompa a los ejércitos que van a la guerra y les da la bienvenida a los matadores con un Tedéum solemne si regresan victoriosos.

Las prohibiciones sobre las que se sostiene la razón no suelen ser razonables. El reposado y calmo mundo de la razón se apoya en el lodo de la violencia enardecida. Las leyes prohibitivas terminan imponiéndose a fuerza de terror y sólo el ser racional sabe ejercerlo estratégicamente mediante la guerra, la punición, la penitencia. La violencia del interdicto no es hija del cálculo, sino de las pulsiones, o del cálculo al servicio de ellas. Arremetida feroz contra los límites. Sin olvidar que los cimientos comunitarios no sólo se fraguan en la potencia del vacío; en esa misma aleación borbotean los excesos.

Por un principio de economía en los procedimientos de sometimiento social se suelen amontonar todas las prohibiciones bajo el manto de la moral. Y por el mismo principio se hace lo propio con las consecuencias de todas las transgresiones. Sin embargo, es posible pensar la transgresión sin contaminarla con normas éticas. ¿Es posible pensar la transgresión divorciada de lo escandaloso, perverso o subversivo?, ¿es posible pensarla de manera no negativa?, ¿y pensarla sin valorar?

Quizá sería posible si la sustrajéramos del mundo maniqueo de la eticidad bivalente: bueno o malo, tolerado o discriminado. Desde esa perspectiva la transgresión es autoafirmación de una línea de fuga del deseo. Rómulo consolidando el gobierno de la ciudad. Edipo gobernando en lugar de su asesino. Numitor poseyendo a su hija y fecundando. La madre de Moisés arrojándolo a una vida poderosa. Caín rechazando la arbitrariedad divina. María por siempre reina.

* Doctora en Filosofía (UBA). Texto extractado del artículo "La transgresión en sentido extramoral", que se publicará en el número de abril de la revista Topía.

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El Psicoanálisis como actividad práctico-poiética

SOBRE UNA RECOMENDACION DE LECTURA DE MAGDALENA,
SE AGREGA LO SIGUIENTE:



Autor: Paul Strand. Título: Four old fishermen
Autor: Paul Strand. Título: Four old fishermen



El Psicoanálisis como actividad práctico-poiética



Cornelius Castoriadis se aproxima al Psicoanálisis a fines de la década del 50 y principios de la del sesenta del siglo pasado. Lo hace primeramente para elucidar cuestiones referidas a cómo se crean una sociedad y los sujetos que la conforman, en vistas a la elaboración de un proyecto de transformación social. Paulatinamente él mismo irá deviniendo psicoanalista, iniciando su práctica como tal a mediados de la década de los 70, siéndolo hasta su fallecimiento, en diciembre de 1997. Un capítulo esencial de La institución imaginaria de la sociedad – su obra más importante, de 1975 – es una revisión del Psicoanálisis y – sin que el autor se lo haya propuesto – un reposicionamiento del mismo. Pero es, al mismo tiempo, el lugar de presentación de conceptos nuevos, que hacen a dicho reposicionamiento: la imaginación radical, la mónada psíquica, la socialización de la psique, su modo de considerar a la sublimación y a los objetos de la misma, entre otros. Luego, en su texto El psicoanálisis, proyecto y elucidación, profundizará en la cuestión de la práctica analítica.
.
Pienso que pueden resaltarse las siguientes cuestiones específicamente psicoanalíticas en su obra:


- La relativa a la imaginación radical.
- La desfuncionalización de la psique.
- La irreductibilidad e indisociabilidad de psique y sociedad.
- La socialización de la psique y su estratificación.
- Los desarrollos referidos a la sublimación.
- Su concepción del Psicoanálisis como actividad práctico-poiética.
- Su concepción del sujeto y su crítica del sujeto de la falta y del lugar de ésta en la psique.
- La crítica de la institución psicoanalítica.
- La relación entre Psicoanálisis y Política.
- La relación entre Psicoanálisis y Filosofía.


Su obra se desarrolla principalmente en tres dominios (Psicoanálisis, Filosofía, Política) y muchas veces el pasaje de uno al otro es no sólo inevitable, sino necesario para la elucidación del tema que se está tratando. Es lo que podríamos denominar como la utilización del laberinto como método.


¿Porqué la importancia y pertinencia del pensamiento de Castoriadis para el Psicoanálisis? Nueve respuestas posibles [2]


I. Psicoanálisis, Filosofía, Política. Por el entrelazamiento que realiza del Psicoanálisis, la Filosofía, la Política, entrelazamiento que es consecuencia del recorrido al cual lo empuja su decisión de llevar hasta las últimas consecuencias una reflexión sobre el modo de ser de lo histórico-social, de la psique, y del pensamiento. Este recorrido y este entrelazamiento constituyen la creación de un nuevo modo del pensamiento, una reflexión sobre la subjetividad, y un proyecto para la sociedad.


Es un nuevo modo de pensamiento porque postula la necesidad de edificar una nueva lógica, denominada lógica de los magmas, en la que confluyen, por un lado, la lógica formal y, por el otro, aquella que se desprende de los descubrimientos en Física producidos a lo largo del siglo XX, ligados a la indeterminación, a lo caótico, a lo no lineal, y también el descubrimiento del Inconsciente, su legalidad, su modo de ser.


Es una reflexión sobre la subjetividad porque profundiza en las determinaciones inconscientes e históricosociales, postulando a la subjetividad reflexiva y deliberativa como aquella que puede romper tanto con el cartesianismo como con el estructuralismo: ni un sujeto de la consciencia, ni un puro reflejo de determinaciones inconscientes o históricosociales.
Su pensamiento sobre la sociedad se inscribe en el proyecto de autonomía, incluyendo en éste lo que el Psicoanálisis permite entender sobre el modo de ser de la psique y la sociedad. Castoriadis insistió en los importantes aportes que el Psicoanálisis puede hacer a la política.


II. Un pensamiento contra la insignificancia. Porque su obra es una reacción, una resistencia y una propuesta frente a una época de globalización, de pérdida de proyectos alternativos para la sociedad. En que existe una generalizada ausencia de reflexión sobre los fines de la vida en sociedad y sobre el sujeto - cuya muerte tantas veces decretada éste se obstina en desmentir; época de in-significantes propuestas de pensamiento, que conducen a toda reflexión sobre la Educación, la Justicia, la Economía, el Psicoanálisis, la Política, el sujeto, etc., a una mezcla de reiteraciones, lugares comunes, banalizaciones. Trampa intelectual de ypara pensadores que así contribuyen a las depredaciones múltiples producidas por el capitalismo actual: del medio ambiente, de la subjetividad, de la sociedad, de la economía, del pensamiento, etc. Políticos, científicos, filósofos, educadores, psicoanalistas: en buen número, junto con las sociedades a las que pertenecen, son arrastrados por el avance de la insignificancia, al que a su vez contribuyen.


Para Castoriadis, la historia de estos últimos 5 siglos - que coinciden con el surgimiento del capitalismo - puede entenderse como la historia de la lucha entre dos significaciones imaginarias sociales. Por un lado, la significación imaginaria del proyecto de autonomía. Esta es aquella referida a la búsqueda de una sociedad de iguales, centrada en la interrogación de sus instituciones, y que se reconoce creadora de sus propias leyes. Proyecto creado en la Grecia del siglo V AC, que encuentra nuevo impulso en la Revolución Francesa, en la Americana y en la emancipación de las colonias de la América del Sur. A diferencia de lo ocurrido en Atenas, esta vez el proyecto de autonomía busca globalizarse. La obra de Marx y Engels forma parte de este movimiento - no lo inaugura - lo mismo que las luchas del proletariado de fines del siglo XIX y buena parte del siglo XX, la Revolución de los Soviets, la Primavera de Praga, el Mayo Francés, el Cordobazo, el Movimiento de los Sin Tierra, el Movimiento Zapatista de Liberación Nacional, el movimiento antiglobalización, la revuelta de diciembre de 2001 en Argentina, y estos últimos meses las de Egipto, España, Wall Street, Grecia, etc. Nótese que todos estos movimientos implican el surgimiento de mecanismos de democracia directa.


La otra significación, la del capitalismo, propone un dominio absoluto (que denomina racional) de la naturaleza y de la producción, promoviendo el crecimiento ilimitado de las fuerzas productivas, la acumulación, el enriquecimiento, el consumo también ilimitado. Esto lleva a las depredaciones citadas. Si no ha destruido lo existente hasta ahora es porque se le opuso el otro proyecto, que consiguió morigerarlo, a través de las conquistas de los proletarios, las mujeres, los jóvenes, las minorías étnicas, los movimientos pacifistas, ecológicos, etc.
Castoriadis promueve un movimiento de re-institución dentro del proyecto de la autonomía: de la Política, la Filosofía, el Arte, el Psicoanálisis, y la Educación. Dicho proyecto - como fue mencionado - se opone a la significación del capitalismo y a su tarea depredadora, depredación a la que debe agregarse la del campo del sentido.


III. Crítica del “pensamiento heredado”: el elemento imaginario. Por la radical tarea de Castoriadis de desmontaje del pensamiento heredado, determinista, teleológico, anclado en la lógica aristotélica. Va a proponer que la psique, la sociedad, la historia, son productos de la creación humana. Creación ex nihilo - de la nada - pero no en la nada; es decir, no se produce sin condicionantes o determinaciones. Se trata de la creación de lo radicalmente nuevo, de creación de nuevas determinaciones, de aquello que no puede volverse a sus condiciones de origen, que no se encuentra contenido en las mismas, que no existe en potencia. Esto le permite a Castoriadis elaborar un proyecto de autonomía, para la sociedad, la psique, el pensamiento. Porque puede crearse lo radicalmente nuevo, entonces la psique, la historia, la sociedad, el pensamiento, pueden dar lugar a nuevas formas.


Esta crítica del pensamiento heredado es llevada a cabo en su texto fundante, más profundo y que traza las líneas de casi toda su producción posterior: La institución imaginaria de la sociedad, cuya tesis central es la de la existencia del elemento imaginario, sea en la psique - como imaginación radical - o en la sociedad - como imaginario social instituyente. Así la psique, la sociedad y la historia, son producto de la existencia de dicho elemento, denominado imaginario radical, que crea representaciones, afectos y deseos - RADS - en la psique, y significaciones imaginarias sociales - SIS - en el dominio histórico-social. No podrá hablarse a partir de esto de un fin trazado de antemano, sea para la psique o para la sociedad.


III. a. La indeterminación. Ahora bien, es necesario profundizar en la idea de indeterminación que sostiene Castoriadis. Su teorización, referida a la imaginación radical o imaginación creadora, se sostiene en la idea de indeterminación y va de la mano de su modo de pensar el ser. No todo en el ser debe estar determinado, para que lo nuevo pueda emerger. La creación, a su vez, produce nuevas determinaciones.


Veamos:
Las reflexiones de Castoriadis, en lo referido a la indeterminación, se inician en La Institución Imaginaria de la Sociedad, y se relacionan con la crítica del pensamiento heredado. Crítica que él realiza principalmente en lo referido a las leyes de la historia expresadas en el marxismo-hegelianismo, que no permiten plantear la cuestión de la creación. En el lugar de las leyes de la historia y del desarrollo autónomo de las fuerzas de producción o el Espíritu de la historia, Castoriadis ubicará el elemento imaginario. Este produce el magma de significaciones imaginarias sociales que mantienen unida a la sociedad.


A partir de esta idea, puede sostenerse que la sociedad no es producida por leyes de la historia o por el desarrollo de las fuerzas productivas, o que la historia no puede reducirse a ser la historia de la lucha de clases. Así, pasan a ser -la sociedad y la historia-, por un lado, un magma de sentido creado por el imaginario del colectivo (imaginario social instituyente) y, por el otro, deviniendo la historia en la historia de la creación de significaciones imaginarias sociales. Hay así una ruptura que él hace con todo pensamiento teleológico tanto a nivel del sujeto como de la sociedad: no hay fin, no hay un sentido, la historia no tiene un sentido dado de antemano. La experiencia del Psicoanálisis permite ver que la historia es creación y no fatalidad y que puede tener desvíos y modificaciones. Lo que parecían determinaciones inexorables pueden ser relativizadas, la historización irá de la mano de relativizar las determinaciones y crear otras. Esto rompe con la idea de determinación última, palmo a palmo, en el ser. Lo que no implica sostener la inexistencia de la determinación, sino que hay – en lo que es - una dimensión de indeterminación, más notoria cuanto uno más se aleja de las ciencias llamadas duras, y que esta indeterminación es posición de surgimiento de nuevas determinaciones.


Entonces, esta sería una idea central: la crítica de toda idea de determinación última.
Veamos lo que Castoriadis sostiene en un pasaje de La institución imaginaria de la sociedad (curiosamente al final del libro):
“La situación filosófica y científica presente, consecuencia directa de la actividad cognoscitiva de los últimos 75 años, requiere imperiosamente una reflexión acerca del modo de ser y la lógica de la organización de los nuevos objetos que son las partículas elementales y el campo cósmico, la auto organización del ser vivo, el Inconciente o el histórico social todos los cuales y cada uno de manera diferente pero no menos cierta cuestionan radicalmente la lógica y la ontología heredadas” [3]


Cuestiona la determinación, lo que veíamos antes, pero también la idea que hay sobre el ser, la ontología, porque cuando él insista en la idea del ser como caos, abismo, sin fondo, estará hablando de un ser tanto a nivel psiquismo como a nivel de la sociedad, como lugar de surgimiento, en tanto lugar de creación. No está adscribiendo a una ontología que define precisamente lo que las cosas son, en referencia a un ser determinado.


III. b. Lógica y ontología. Quiero rescatar que para Castoriadis la lógica y la ontología heredadas son cuestionadas por la imaginación radical. Lo que es lo mismo que decir por el Psicoanálisis mismo y sus descubrimientos, a partir del modo de ser de la psique que Freud va a describir en La interpretación de los sueños, poniendo Castoriadis especial énfasis en el modo de ser de la representación, creada por la imaginación radical.


Castoriadis sostendrá que si despojamos a la representación de su capa de lógica y de organización conjuntista e identitaria (despojo que se produce en la asociación libre, en el sueño, en los síntomas, en la creación artística, en la transgresión), lo que se desvanece y desestructura es la visión canónica que la sociedad impone, y que es sólo un aspecto de la representación. Es el sentido diurno, común. Entonces,
"Lo que en la cosa parecía pleno y determinado se vuelve de pronto un agujero del ser, enigma indeterminado que se nos escapa por todas partes, fascinación, absorción, significación filosófica, poema, o punto de partida de una cadena interminable de exploraciones científicas no necesariamente concordantes" [4]


“Es lo que la representación pone sobre el tapete, y, para decirlo en términos rigurosos, lleva a la ruina, por un lado, la tesis sobre el ser que sirve de fundamento, de cabo a rabo, a la filosofía greco-occidental – la del ser como determinidad (y sus consecuencias esenciales), como uno y como el mismo, y el mismo para todos … lo que se da en y por la representación considerada en sí misma es reacio a los esquemas lógicos más elementales … mucho más que el orden moral de la sociedad, lo que el psicoanálisis cuestionaba profundamente era su orden lógico y ontológico” [5]


Y en lo referido a la lógica, dirá:
“Si llegara a constituirse una nueva lógica, su relación con la lógica identitaria (que es la lógica aristotélica) no podría pensarse en el marco heredado, pues no se la podría considerar ni simplemente agregada a la lógica identitaria, ni tampoco como una generalización o una superación de ésta. Lo que es, sea en la región que fuere, no puede pensarse como caos desordenado al que la conciencia crítica impusiera y se lo impusiera de manera impulsiva un orden que solo tradujera sus propia legislación o su propia arbitrariedad, ni como conjunto de cosas nítidamente separadas en un mundo perfectamente organizado por si mismo ni como sistema de esencias sea cual fuera su complejidad. Lo que ‘es’ no puede ser caos absolutamente desordenado.” [6]


Puede advertirse aquí – como a lo largo de toda su obra – que no corresponde pensar a Castoriadis como a alguien que pregona un postulado de la indeterminación absoluta. No reniega de la determinación pero la complejiza; es como si dijera que hay dos lógicas o dos cualidades del ser que van juntas todo el tiempo, que no se trata de optar por una o por la otra. La lógica de los magmas no es una lógica de la indeterminación, sino que es una lógica que tendría que cumplir la función de poder mantener esta tensión constante entre lo que es determinado y lo que es indeterminado. Sin excluirse. Insisto en que él cuestiona un modo de pensar las cosas que está presente en el marxismo o en el Psicoanálisis que siempre habla de causas últimas o de un destino ya escrito de antemano.


IV. La instancia de la subjetividad reflexiva y deliberativa. Porque el Psicoanálisis es pensado como praxis. Los fines del análisis ya están implícitos en sus medios: la asociación libre es la liberación de la imaginación radical, separada del Yo por la institución social. A través de un laberíntico recorrido histórico-transferencial y a través de los estratos de la psique, se produce laautoalteración del analizando. Todo análisis debiera llegar a un punto crucial: la mortalidad. Dejar de ser quien se era para devenir otro, alteridad en el ser que implica la muerte de quien se era, destitución del amo narcisista, sea en el Otro, sea en la psique del sujeto. Esta autoalteración es también efecto de la alteración de la relación entre las instancias psíquicas, es decir, de la relación del Yo con los Ideales, con el Superyó, con las pulsiones y deseos que anidan en el Ello. El Yo debe poder tomar contacto - debe poder dejarse alcanzar - con los elementos de las otras instancias de la psique - fantasmas, deseos, pulsiones, etc. - para reflexionar sobre ellos y decidir en la medida de lo posible.


No es ni más ni menos que lo que se produce en la demanda realizada al paciente de que asocie libremente, que libera dichos elementos, sobre los cuales el Yo debe volver. Lo que en realidad ocurre, es que en dicha operación se va produciendo la creación de una nueva instancia de la psique, finalidad del Psicoanálisis. Dicha instancia es una actividad incesante de reflexión sobre los productos de la psique - inclusive sobre el propio Yo, sus defensas, su mundo identificatorio. Castoriadis la denomina subjetividad reflexiva y deliberativa.
Esta emergerá como producto de pensar al Psicoanálisis como actividad práctico-poiética: es actividad por el movimiento incesante de trabajo sobre los productos de la psique, sus formaciones del inconsciente, la asociación libre, el análisis de los sueños, etc. Y es poiética porque es creadora: creadora de elementos nuevos (representaciones, afectos, actos) y de alteraciones al interior del aparato psíquico y de éste con el mundo, destituyendo significaciones imaginarias individuales, e instituyendo nuevas.


V. Reintroducción de lo que fue expulsado del Psicoanálisis. Porque Castoriadis reintroduce en el Psicoanálisis aquello que denuncia que fue expulsado de éste. La sociedad y la historia, la imaginación, el pensamiento. Reintroducir estos temas produce un vuelco decisivo para el Psicoanálisis, para la praxis psicoanalítica y para toda teoría del sujeto.


VI. El inconsciente y el Otro. Alienación y autonomía. Psique y sociedad no pueden separarse: la psique no puede existir sin el sentido aportado por la sociedad, mediante la ruptura y la separación a la que la socialización la somete. Ruptura de un estado monádico originario. Mónada psíquica que es el primer estrato de la psique, y que, si bien queda virtualmente expulsada de ésta, imanta su funcionamiento, ya que empuja a la búsqueda de totalidad y mismidad. Reino de la locura totalitaria-identitaria, en la que Castoriadis ve la fuente psíquica del totalitarismo, el racismo, la xenofobia. La sublimación y el proceso identificatorio son las interfaces entre la psique y la sociedad. La sociedad no puede existir sin la sublimación, la psique no puede sobrevivir sin el sentido ofrecido por la sociedad mediante las SIS. La creación social en cada momento histórico - a través del imaginario social instituyente - de objetos obligados para la sublimación y de modelos identificatorios mediante las SIS, hace al entramado social, al incorporar los sujetos las SIS reproduciendo así un orden social. Pero el imaginario radical liberado cuestiona dichas significaciones, abriendo el tiempo de alteración y creación en lo sociohistórico.


Por lo tanto, la idea de Lacan de que el Inconsciente es el discurso del Otro (Otro que es una creación del colectivo, del imaginario social instituyente), a partir de Castoriadis será redefinida como un momento de alienación estructurante de la psique, (lo que en Piera Aulagnier se denomina como violencia primaria), que descentra al sujeto de su mundo monádico, produciendo un sentido perdido irremediablemente.


Sucesivos momentos de estructuración (correspondientes a la conformación de la psique durante la infancia) si bien implican un movimiento inicialmente de alienación, siempre estarán abiertos a la recomposición que la psique realice a partir de su imaginación radical. Esta, que también se encuentra en el Yo del sujeto, posibilitará una relación con ese Otro que habita al sujeto desde su Inconsciente - pero impregnando toda la psique - , que le permita al sujeto ubicarlo primeramente como un discurso que es de Otro, para luego establecer una relación de autonomía (nunca plena) con éste. Tal es, ni más ni menos, la operación que realiza el Psicoanálisis: una toma de contacto con enunciados, deseos, etc. que habitan la psique del sujeto, y también de producciones propias (fantasmas) que se le han hecho ajenos, y finalmente, una toma de contacto con una historia no vivida como tal. Esta es la base a partir de la cual pensar a la subjetividad reflexiva y deliberativa. Algo que va más allá de un sujeto socializado. Es lo que permite pensar en una posición de autonomía.


Esta posición de Castoriadis tiene profundas consecuencias para el Psicoanálisis, para todo pensamiento sobre la sociedad, la historia y el sujeto, y para todo pensamiento y actividad políticos. Esto es porque – insisto - la alienación nunca podrá ser considerada como absoluta. Es un momento estructurante de la psique (que abarca los primeros años de vida, pero sobre los cuales se montará posteriormente – y esto es fundamental – todo el mundo instituido, mediante el proceso identificatorio), de sometimiento al discurso emitido por el Otro, que funda el Inconsciente, pero con el cual podrá establecerse una relación que no sea exclusivamente de desconocimiento. Esto ubica a Castoriadis en un lugar diferenciado del estructuralismo, de todo pensamiento posmoderno, finalmente, de toda idea de una psique sin sujeto, o que reduzca la cuestión del sujeto al denominado “sujeto del Inconsciente”.


VII. Crítica de la idea de sujeto de la falta. Porque en el origen estará la presencia de un estado monádico, la idea de falta queda subsumida al deseo de recuperación de ese estado. Esta postura permite recuperar la importancia del origen, de lo que está antes del llamado Complejo de Edipo, la importancia del lazo con el objeto asistente. La falta del objeto será entendida por Castoriadis como una contingencia más de éste. Son constituyentes tanto la presencia como la ausencia, no hay un privilegio del objeto perdido. La castración podrá así ser entendida como ligada a la pérdida de la completud (originaria, relativa al estado de reposo del bebé), que querrá ser permanentemente recuperada, tanto por la psique como por la sociedad (es la fuente psíquica del racismo). Esto tiene enormes consecuencias para la práctica, ya que es coherente con el concepto de imaginación radical, de creación. Y crea una ruptura con buena parte del pensamiento filosófico reinante durante y siglo XX y hasta hoy, ruptura que aparece, entre otros y por momentos, en el pensamiento de Gilles Deleuze, pero que en Castoriadis queda ligado a la idea de rescate del sujeto y de la autonomía y la creación.


VIII. Crítica de la institución psicoanalítica. Porque dos modelos de la institución psicoanalítica son denunciados por Castoriadis: el burocrático y el totalitario, que se complementan y que coadyuvan a la miseria del Psicoanálisis, que deviene en un método adaptacionista al negar la dimensión de lo histórico social.


Se opone a toda práctica del análisis ligada a reglas fijas, burocráticas, o de todo-vale, estando puesto el acento en la disolución de la transferencia. El modelo burocrático se basa en el análisis didáctico - fuertemente cuestionado por Castoriadis por producir una sociedad de castas - en el cual el analista no puede ser puesto en cuestión porque afecta todo el dispositivo institucional. En caso de no poder considerarlo como analista o si no realizara adecuadamente su tarea, surgirían las cuestiones de cómo es que habría sido promovido a dicha función, quién lo autorizó, cómo sostener entonces un mecanismo de devenir psicoanalistas basado fundamentalmente en dicho análisis, etc.


Por otra parte, dicho modelo de institución promueve el estudio de técnica psicoanalítica, idea también cuestionada por Castoriadis, para quien no se trata de una técnica, sino de praxis, mientras que tampoco se trata de teoría, sino de elucidación. Sus críticas para el modelo totalitario se centran en que sigue los fines de una repetición perpetua de un dogma, y en la asimilación del dispositivo analítico a la relación maestro-discípulo, pero además impregnada de un lazo de abyección ydesprecio.


El primer modelo se compadece con el modo de funcionamiento propuesto desde la IPA, y el segundo a la Escuela Freudiana de París, en su momento disuelta por su fundador, J. Lacan. Hacia éste último realizará la más profunda crítica que jamás se halla realizado sobre él, tanto en lo referido al modo institucional, como a cuestiones puntuales de su teorización. El mismo Castoriadis participó del seminario de Lacan hasta el cisma producido en la Escuela Freudiana de París, referido a la cuestión del pase, hacia 1968, siendo uno de los miembros fundadores del Cuarto Grupo de París, conjuntamente con Piera Aulagnier entre otros. Esta última realizará un minucioso análisis de la forma institucional creada por Lacan, que la llevará a desarrollos por entero originales, retomados por Castoriadis en El psicoanálisis, proyecto y elucidación.


El análisis de las formas del poder en las instituciones psicoanalíticas que surge de dichos textos es de una profundidad y actualidad notables, echando luz, además, sobre cuestiones cruciales de la práctica analítica - como la transferencia-, la teoría, y la formación de analistas. Esto conduce al próximo punto, ya que la propuesta de Castoriadis para las instituciones psicoanalíticas tiene profunda relación con la cuestión de la autonomía, pensada en este caso como colectividad de adultos autónomos y responsables. Implica la recuperación de la capacidad instituyente mediante la liberación de la imaginación radical y el trabajo reflexivo y deliberativo sobre sus productos. Recuperación que se dará a través de distintas prácticas tanto en el sujeto (como expresión de la imaginación radical de la psique) como en las instituciones y la sociedad (como expresión del imaginario social instituyente). Esto lleva a trabajar alrededor de la pregunta de cómo recuperar dicha dimensión instituyente.
IX. Psicoanálisis y proyecto de autonomía. Porque Castoriadis intenta delimitar las fuentes y fines de la autonomía. A nivel individual, social, del pensamiento y del Psicoanálisis. Autonomía en la psique es lo que forma parte del proyecto psicoanalítico, la desalienación - si hay un deseo del analista, es que sus pacientes se desalienen -, instaurando otra relación entre las instancias de la psique.


Donde el Ello era, el Yo debe advenir. Pero también donde el Yo era, el Ello debe hallar un lugar. En el pensamiento, la autonomía se expresa como interrogación ilimitada, apelando a un nuevo modo de la lógica, la lógica de los magmas, que implica establecer una relación no excluyente entre la racionalidad y la imaginación, entre la determinación y la indeterminación. A nivel de la política, su propuesta es de creación de sociedades autónomas, proclamando que el marxismo ha sido sólo un capítulo del proyecto de la autonomía. Autónomas en el sentido de saberse creadoras de su propia ley, para lo cual es necesaria la puesta en acto de la democracia como régimen, eliminando los imaginarios de la delegación y de la representación, y estableciendo a la política como una actividad en la cual los medios no deben estar separados de sus fines, ocupando por lo tanto los mecanismos de democracia directa un papel fundamental.


Volviendo sobre el punto anterior y extendiendo las ideas políticas de Castoriadis: una institución psicoanalítica debe contener mecanismos de democracia directa - acceso por sorteo o elección a instancias directivas, obligatoriedad de pasar por los distintos estamentos de la institución, revocación de mandato, rendición de cuentas, asambleas etc. -, de revisión y análisis permanente de su legalidad, de elucidación de su proyecto como colectivo.
Podríamos retomar una idea de Castoriadis, extendiéndola a la institución: allí donde no había Nadie, debe devenir un Nosotros.Allí donde existe el poder de creación del colectivo, debe advenir el accionar lúcido del mismo, para apropiarse de dicho poder, que si no, se apodera de éste. Tanto como donde el Ello estaba el Yo debe advenir, para apropiarse de su potencia creadora, nunca para sofocarlo o desecarlo. Se trata, en suma, de tener otra relación, sea que se trate del sujeto o del colectivo social, con sus respectivos destinos.


Notas y Bibliografía

[1] Fragmento de una clase del seminario virtual El Psicoanálisis como actividad práctico poiética: la clínica desde Cornelius Castoriadis.
[2] Este apartado es una extensión del que con el título ¿Por qué Castoriadis? Seis respuestas posibles, aparece en la revista PsicoLibro Club Nro 70, diciembre 2004, editada por Librería Paidós, Buenos Aires. No debe confundirse con “¿Por qué Castoriadis? Psicoanálisis, filosofía y política”, en MAGMA. Cornelius Castoriadis: psicoanálisis, filosofía y política, de Yago Franco, Ed. Biblos, Buenos Aires, 2003.
[3] Castoriadis, Cornelius. La institución imaginaria de la sociedad, Vol. 2, Tusquets, Buenos Aires, 1993. Pág. 283.
[4] Castoriadis, Cornelius. Ob. cit., Pág. 255.
[5] Castoriadis, Cornelius. Ob. cit., Pág. 255.
[6] Castoriadis, Cornelius Ob. cit., Pág., 256.