sábado, 31 de marzo de 2012
Entrevistas - Cambio de horario
viernes, 30 de marzo de 2012
ANATOMIA - PROGRAMA
ACTIVIDADES DE SISTEMA MUSCULAR
1)RESPONDER EN LA PAG. 134 LAS PREGUNTAS 3,8 A LA 12
2) DAR TRES EJEMPLOS DE CADA GRUPO MUSCULAR Y UBICARLOS EN LAS LAMINAS DE LA PAGIMA 120 Y 121.
3) CONSIDERANDO LA COPIA ENTREGADA EN CLASE, EXPLICA LOS CONCEPTOS DESARROLLADOS EN EL TEXTO: ATROFIA, HIPERTROFIA, ENTRENAMIENTO DE FUERZA Y DE RESISTENCIA.
CUALQUIER DUDA ME PREGUNTAN. HASTA PRONTO PROF. ROSSI
Enviado desde mi BlackBerry® de Claro Argentina
martes, 27 de marzo de 2012
FILOSOFIA: ARISTÓTELES - Metafísica
- II -
- I -
Libro V
II -
- VII
-
VIII -
- V -
- VI -
lunes, 26 de marzo de 2012
[Pagina12WEB] Noticia enviada por psiconauta
medios y comunicación
Educación y lenguaje
A propósito de una nota sobre Conectar Igualdad, aparecida en esta misma sección, Marcelo Lafón sostiene que el acto de enseñanza-aprendizaje requiere de un paso previo al uso de tal o cual herramienta didáctica: definir los contenidos.
Hay un acuerdo generalizado en que el Programa Conectar Igualdad implica mucho más que la mera provisión de una netbook al estudiante. En ese "mucho más", la netbook, como herramienta tecnológica aplicada en clase, estaría marcando un antes y un después de lo que hasta acá aconteció en el aula. Pero quedarnos en la favorable recepción que estudiantes y docentes han hecho de la provisión de las netbooks puede llevar a construirnos una representación del acontecer educativo más ilusorio que real y concreto. El riesgo que se corre es el de terminar confundiendo la ficción con la realidad, peligro que se ahonda si del ámbito escolar se trata.
Al respecto, entendemos que la nota de Luciano Sanguinetti (22/02/12) en esta sección, no logra penetrar en los desafíos pedagógicos que la utilización de las nuevas herramientas informáticas de la información y la comunicación traen aparejados en clase. Para quienes enseñamos en el aula la pregunta no es ¿qué sigue? (a propósito de la entrega de tres millones de computadoras) sino ¿qué enseñamos?, ¿por qué? y ¿para qué?
Ayer y hoy, el acto de enseñanza-aprendizaje requiere de un paso previo al uso de tal o cual herramienta didáctica: definir los contenidos que se van a desarrollar en el aula. Este es un requisito ya no, meramente metodológico sino, y fundamentalmente, ético-político, si por tal cosa entendemos las respuestas que el docente le ha dado a aquellos interrogantes. Recién entonces, en función de las respuestas, se recurrirá al uso de diversas herramientas didácticas incluidas las netbooks.
Es acá donde nos encontramos con algunos desafíos del siglo XXI que se presentan en el ámbito educativo y que no se nos pueden escapar ante los destellos de la pantalla. Uno de ellos y a nuestro criterio, fundamental es la pérdida del lenguaje escrito. Hoy nos encontramos con nuevas generaciones de estudiantes portadores de un vocabulario reducido y empobrecido: con aproximadamente trescientas palabras estos jóvenes pretenden dar cuenta del mundo y la sociedad. Estamos en presencia de un veloz y grave empobrecimiento del lenguaje que, para Ricardo Forster, implica el siguiente escenario: "Allí donde el lenguaje se va vaciando y empobreciendo, cuando con un par de cientos de vocablos organizamos nuestras relaciones con las personas y las cosas, el habla va quedando colonizada por una lógica que la vuelve un instrumento servil de culturas organizadas alrededor de lo massmediático y los dispositivos tecnológicos, del dominio de una imagen que no guarda la posibilidad de reflexionar". 1
Ese es el marco cultural en el que batallamos los docentes al considerar las dimensiones ético-políticas del lenguaje: no solamente como la capacidad de comunicar/se, sino la consideración del mismo como un lugar que expresa, construye y refuerza relaciones de poder. La facultad crítica, como señala Franco Berardi, presupone "la secuencialidad de la escritura, la posibilidad de juzgar en secuencias el carácter de verdad y falsedad de los enunciados. En esas condiciones era posible la discriminación crítica que caracterizó las formas culturales de la modernidad. Pero en la esfera de la comunicación videoelectrónica la crítica ha sido sustituida por una forma de pensamiento mitológico, y la capacidad de discriminar entre la verdad y la falsedad de los enunciados se vuelve irrelevante". 2
Si trasladamos estas reflexiones al ámbito escolar, nos encontramos con que el esfuerzo, tiempo y dedicación que requiere la lectoescritura pretende ser reemplazada por el lenguaje visual que pasa a ser la lengua franca de las nuevas generaciones. En estas condiciones pedagógicas, la pregunta ¿qué sigue?, luego de la entrega de las netbooks, entraña el inmenso peligro político-educativo de asimilar la brecha digital a la brecha cognitiva. Y es que, mientras la primera es en lo fundamental, aunque no absolutamente una cuestión técnica, la brecha cognitiva hace referencia a la posibilidad o no de efectuar operaciones mentales que requieren de capacidades intelectuales sin necesidad de instrumentales técnicos. Adquirir competencias cognitivas tales como la contrastación de hipótesis, la jerarquización de contenidos, inferencia, deducción, etc., serán factibles de ser alcanzadas por quienes posean mayor capacidad de abstracción fruto del manejo de un lenguaje conceptual amplio, rico y variado; competencias que no podrán alcanzar quienes sólo manejan un lenguaje perceptivo (concreto). De ahí que, tender a la igualdad social en el campo de la educación y la comunicación, requiere afincarse en las preguntas ¿qué enseñamos?, ¿por qué? y ¿para qué? como núcleo fundante de la reconquista de un lenguaje colonizado por los dispositivos tecnológicos.
Considerar a la computadora como lo que es, un excelente soporte técnico, una herramienta didáctica subordinada a los contenidos, habilita volver a adjudicarle a la tarea docente la posibilidad de creación ético-política que el devenir socio-histórico requiere. Que los resplandores y fulgores tecnológicos no nos impidan ver lo que hay detrás de las estridencias técnico-culturales de la posmodernidad.
1 Forster, R., Entrevista con Página12el 8 de febrero del 2005.
2 Berardi, F., Generación Post-Alfa: Patalogías e imaginarios en el semiocapitalismo, Bs. As., Tinta Limón, 2007, pág. 78.
* Profesor en Historia. Docente del CPEM Nº 64 de Neuquén Capital.
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Hijos de mujeres violadas
"Yo soy eso que le pasó a mi mamá"
Madrugada de invierno en la guardia de un hospital público. Una norma implícita dice que nadie puede mencionar que la guardia viene tranquila, no vaya a ser que todo cambie de pronto. Cábalas de trabajadores de la salud. Y efectivamente, luego de pensar en que tal vez la jornada termine sin más sobresaltos se escucha la sirena de un patrullero seguida del sonido de la ambulancia. Ingresan una camilla con una joven adolescente, con ataduras caseras en sus muñecas. Sangra mucho, rápidamente la ubicamos en el shock room y los cirujanos corren a atenderla. Carolina ha intentado suicidarse. No es la primera vez, nos cuenta un familiar presa de la angustia. Lo hace a menudo, y es probable que un día consiga quitarse la vida.
Al día siguiente, pasada la urgencia clínica, la entrevisto. Carolina tiene 16 años. Cuenta que desde muy chica siente muchas ganas de matarse; que desde los doce años lo intenta, y que lamenta que esta vez la descubrieran cuando se había encerrado en el baño. Ha probado ya distintas maneras de quitarse la vida y asegura que la próxima vez no va a fallar. Habla de su madre: "Nunca me quiso"; "De parte de ella, sólo he sentido odio". No soporta la mirada de la madre, que describe como "de desprecio". Dice que no tiene fotos de bebé; mejor dicho, no tiene ninguna foto. Y que, de tanto preguntarse y preguntar los motivos por los que siempre se ha sentido sola y vacía, finalmente su madre le confesó lo que era un secreto bien guardado pero mal disimulado: Carolina es producto de la violación de su madre.
Un familiar cercano, ya muerto, abusó sexualmente de la madre, a los 14 años, cuantas veces quiso, hasta que la dejó embarazada. Su madre, continúa Carolina, no supo qué hacer. No quería tenerla, ocultó el embarazo hasta que la panza resultó evidente. Cuando el padre de la madre se enteró, le dio una paliza, descreyendo de lo que ella le había contado sobre las violaciones. Después, quiso regalar a Carolina, pero no la dejaron. Así fue como se la quedó, sin ninguna posibilidad de hacer de "eso", producto de la violación, una niña hija de algún deseo. "Eso." Así es como se nombra Carolina: "Yo soy eso que le pasó a mi mamá, y no quiero vivir más".
La Corte Suprema de Justicia de la Nación acaba de emitir un fallo en el que admite que no sea castigada una adolescente que había sido violada y que, como consecuencia de esa violación, quedó embarazada y decidió abortar. Asimismo, quedan exentos de consecuencias penales los médicos que lo practiquen, con el consentimiento otorgado por la mujer mediante una declaración jurada, sin requerir de autorización judicial. En otros casos, la judicialización ha derivado en la imposibilidad de consumar el aborto, debido a que al producirse los fallos el embarazo estaba tan avanzado que ya era imposible.
Como se ve en el caso presentado, la violación no sólo trae consecuencias tremendas para el psiquismo de la mujer violada: también tiene consecuencias sobre el hijo, producto de la violación, en relación con el lugar que ha de ocupar en el deseo materno; en relación con esas miradas, a veces odiantes, a veces despectivas, a veces hasta piadosas, de las que el niño puede ser objeto sin saber consciente que las decodifique.
No debiera desconocerse por respeto a la dignidad, al deseo que la ausencia absoluta de un deseo vital del que sostenerse puede hacer que la vida de un niño, resultado de una violación, esté signada por lo mortífero. Carolina lo pone en acto. Quiere matarse, no hay vida posible para ella. Su marca de origen signa su destino y la condena a vivir con un inmenso pesar que le resulta insoportable. Nadie quiso que ella viviera; ella tampoco quiere. Es el recuerdo permanente del horror padecido.
El fallo de la Corte sienta las bases para el tratamiento del aborto no punible en el Congreso. El debate está abierto, pero resulta imprescindible oír la voz de los mudos: las mujeres violadas, los hijos producto de esa violación, su sufrimiento, el sentimiento de culpa que los invade, la vergüenza que sienten al contarlo, como si ellos, los hijos, fueran responsables del acto aberrante que les dio origen.
* Autora del libro Psicoanálisis en las trincheras. Práctica analítica y derecho penal (ed. Letra Viva).
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[Pagina12WEB] Noticia enviada por psiconauta
Acerca de la transgresión
Necesidad de lo prohibido
La autora investiga la presencia de la transgresión en los mitos del origen y señala que "la transgresión es fugaz: tan pronto como se realiza, expira y nos enfrenta con una frontera vedada y destruida".

Al iluminar nuestros orígenes donde el mito se entreteje con la historia, ante nuestros ojos asombrados desfilan asesinatos, estupros, traiciones, incestos, parricidios y fratricidios. Figuras y conceptos que se podrían expresar en pocas palabras: hablemos de transgresión. Miremos hacia Grecia arcaica. Aparece un rey paranoico, Layo, que ordena asesinar a su pequeño hijo. El temor era que, en algún momento, ese puñado de vida palpitante quisiera deshacerse de él y quedarse con su mujer y con su reino. Si medimos este acto desde el imaginario actual, cabe preguntarse hasta qué punto el delirio persecutorio del padre no se convierte en mandato irrevocable para el hijo, ¿Por qué casi todos los ojos psicoanalíticos se iluminan ante la neurosis de Edipo pero no ven la paranoia paterna? Sea como fuere, el mito arcaico devino teoría psicológica, que en última instancia no deja de ser un mito del siglo XX.
Veamos otro caso. La princesa Rea Silvia se enamora de su padre Numitor el soberano de Alba, la antecesora mítica de Roma. Dos gemelos nacieron del incesto. El rey ordenó asesinarlos. Alucinaba futuras traiciones de sus descendientes. El desencadenante de la persecución paterna es similar al de Layo: un trenzado de celos y recelos. También estos niños fueron salvados de manera increíble y, siendo adultos, Rómulo mató a su hermano por una cuestión de límites. Sabido es que no se debe transitar por encima del trazado de la ciudad, pero Remo, herido porque los augurios habían dictaminado que la ciudad se fundara en la colina elegida por su hermano, transgredió la norma, entre despechado y socarrón. Rómulo no lo toleró y le hizo pagar con la vida por la contravención "municipal". En cambio, él no pagó por el fratricidio.
Desde tiempos inmemoriales, los grandes imperios, las revoluciones científicas (y las otras) e incluso las religiones se gestan (y suelen conservarse) transgrediendo. Según la tradición judeocristiana, Caín y Abel pertenecen a la primera generación de humanos. Caín es labrador y su hermano pastor. El primero le ofrece al Señor los más prístinos frutos de la tierra: trigo, legumbres, hierbas olorosas, frutas. Abel, por su parte, le ofrenda las primicias de sus crías: cabritos, lechones, mamones. Dios que evidentemente no es vegetariano acepta únicamente la ofrenda del ganadero. Caín, el agricultor, no soporta el desprecio y, enceguecido de celos, mata a su hermano. Caín, a pesar de la ira divina, construyó, sembró, fornicó y tuvo una prole numerosa, fruto de la obvia unión incestuosa con una de sus hermanas, después de matar al hermano de ambos. No tenía otra posibilidad si aspiraba al himeneo y a ser el único líder de la primera ciudad terrenal.
Otro mito del Antiguo Testamento cuenta que un faraón ordena la matanza de todos los niños judíos que habitan su reino. Teme que los extranjeros le usurpen sus dominios. La madre de uno de ellos y la propia hija del soberano transgreden el imperativo real y salvan al pequeño Moisés. La desobediencia de las leyes cívicas fue la condición de posibilidad para gestar uno de los líderes más importantes del pueblo de Dios. Otra transgresión forzosa, si se considera que posibilitó la reafirmación de una nación.
Contemplemos por último el Nuevo Testamento. Una muy joven recientemente casada transgrede la fidelidad matrimonial y, en lugar de fecundar un hijo con su marido, lo hace con uno de los integrantes del trinomio divino. Esta anomalía no sólo no es condenada. Por el contrario, esa mujer es venerada por los siglos de los siglos y Jesús, el fruto de la extraña unión, hace milenios que reina sobre uno de los tres monoteísmos vigentes. Por lo demás, también ese niño había sido condenado a muerte en una matanza colectiva de recién nacidos de la que salió indemne. Pero sí es digno de destacarse que la religión que fundó se sostiene a fuerza de normas violadas o escamoteadas. Valgan como ejemplo los curas pedófilos.
La transgresión no niega lo prohibido, lo completa. El deseo es la fuente de toda transgresión; ocupa el volumen histórico que en otros tiempos ocupaba Dios, que ha muerto. Esta carencia ha enturbiado los parámetros. Dostoievsky sostenía que, si Dios no existiera, todo estaría permitido. Entiendo que, más que a la divinidad, se refería a las normas y deberes que estrían el entramado social. Sin reglas, la transgresión no se realiza ni parece posible mantener cierto equilibrio comunitario sostenido por lo sagrado, a veces apuntalado por lo profano. Valores higiénicos, políticos, morales, económicos, informáticos y de seguridad ciudadana.
Las prohibiciones son meras palabras, conceptos consensuados, sostenidos y controlados por el poder. Es cierto que esas palabras represoras son performativas, ya que su enunciación produce efectos. Los símbolos, cuando establecen normas, operan como ideas regulativas de conductas. Por ejemplo, si se establece la prohibición del incesto en una cultura que lo practicaba "naturalmente", se instaura al mismo tiempo la posibilidad de transgredir, con esa práctica que hasta ayer no más era "normal".
Existen transmutaciones valorativas; imperativos emanados del discurso religioso que son cooptados por el jurídico. Otras provienen del discurso médico y se impregnan de valores éticos. Pero movilizando cualquier transgresión siempre está la ilusión de un placer devenido del acto transgresor. El placer es estirpe del deseo y el deseo desde su trasfondo mítico y psicológico siempre es erótico, placer y desasosiego, se trate de la guerra, el trabajo, la economía o la familia. Michel Foucault (Prefacio a la transgresión, Buenos Aires, Tribial, 1993) considera que, lejos de haber liberado la sexualidad, nuestra época sin Dios la ha llevado exactamente hacia su límite, a las fronteras de la conciencia.
La sexualidad está imbuida de tabú y es el límite de la ley porque contiene en sí la totalidad de lo prohibido. El tabú, antepasado de la moral y del derecho, trata de imponer orden al caos. Su justificación es la armonía del accionar comunitario. Subyace en nuestras formaciones culturales y se trasviste de moral, justicia, orden y hasta de leyes científicas. Su funcionalidad permanece intacta, se trata de la economía del poder racional o racionalizado enfrentándose con el derroche de los sentidos. Sin racionalidad que los contenga, ley que los amilane ni poder que los detenga.
Una ley siempre prohíbe, incluso cuando otorga. Se otorga libertad para que dos personas contraigan matrimonio legalmente, pero se prohíbe tácita aunque terminantemente que se realicen matrimonios compuestos por mayor número de personas. Se permite salir de un país e ingresar a otro, aunque está totalmente vedado hacer uso de esa ley sin poseer los documentos requeridos. Ley es límite.
La ley y el erotismo contienen en sí la posibilidad de todas las transgresiones, pero necesitan lo prohibido como condición de su existencia. La sexualidad produce profanaciones sin objeto, vacías y replegadas sobre sí mismas. No existe un vaciamiento raigal del deseo, existe más abundancia que carencia. Pulsión, acción, creación, contienda, frenesí y hasta revolución. A veces crimen pero siempre acción (material o pensante). La vacuidad de sentido reside en el objeto, no en el deseo que no deja de excederse. Ese deseo exacerbado que cuando se enrosca consigo mismo se autoaniquila en el placer. "Simone, cuya conducta durante la orgía había sido más infernal que nunca, no podía olvidar que el orgasmo imprevisto, provocado por su propio impudor, por los gemidos y por la desnudez de Marcelle, había superado en potencia todo lo que ella había imaginado hasta entonces." (Bataille, George, Historia del ojo, Barcelona, Tusquets, 1993.)
El término "sexualidad" acaeció en la historia en el momento mismo en que se tomó plena conciencia de la muerte de Dios. Acontecimiento que se manifiesta en la modernidad. No porque Dios hubiera muerto recién en el siglo XVIII ese crimen se venía perfeccionado desde los comienzos de la filosofía, sino porque la racionalidad moderna desacralizó los guiñapos de Dios que aún subsistían. No me refiero al Dios de las religiones morales y monoteístas. Ellas nacieron, se desarrollan y existen sin rastro alguno de sacralidad. Se regodean simplemente con el cadáver divino y, dentro de ellas, tampoco me refiero a Jesús, cuyo monoteísmo y moralismo lo convierten también en un nihilista. Me refiero al politeísmo, al ballet de los valores recreados, a lo sagrado como sentido, al tiempo como enigma, a un presente intermitente y perpetuo, dionisíaco.
La transgresión es tan fugaz como un suspiro. Tan pronto como se realiza, expira y nos enfrenta con una frontera vedada y destruida. La prohibición, esa marioneta del poder, existe para ser violada. No hay prohibición que no pueda ser desobedecida. Incluso a veces permitida o exigida. La fiesta es permitida (Bataille, George, El erotismo, Barcelona, Tusquets, 1985). Los cuerpos y las almas enfiestadas se llenan de intensidad. Algo se abre en la fiesta, que es transgresión instituida, mientras que el estado de excepción es transgresión exigida. La suspensión de la ley por la Justicia misma es su autonegación, estado de excepción. El nazismo gobernó todo el tiempo bajo el dominio de ese estado (Agamben, Georgio, Estado de excepción, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2007). Los countries y las villas miseria también se sostienen en algo semejante (Díaz, Esther, Las grietas del poder, Buenos Aires, Biblos, 2010).
La guerra es el estado de excepción por excelencia. "No matar": el mandamiento pretendidamente universal se anula a sí mismo cuando se declara la guerra. Georges Bataille se refiere a la contradicción del imperativo de no matar matando. El sacerdote, de cuya boca y escrituras surge la prohibición de matar, bendice con pompa a los ejércitos que van a la guerra y les da la bienvenida a los matadores con un Tedéum solemne si regresan victoriosos.
Las prohibiciones sobre las que se sostiene la razón no suelen ser razonables. El reposado y calmo mundo de la razón se apoya en el lodo de la violencia enardecida. Las leyes prohibitivas terminan imponiéndose a fuerza de terror y sólo el ser racional sabe ejercerlo estratégicamente mediante la guerra, la punición, la penitencia. La violencia del interdicto no es hija del cálculo, sino de las pulsiones, o del cálculo al servicio de ellas. Arremetida feroz contra los límites. Sin olvidar que los cimientos comunitarios no sólo se fraguan en la potencia del vacío; en esa misma aleación borbotean los excesos.
Por un principio de economía en los procedimientos de sometimiento social se suelen amontonar todas las prohibiciones bajo el manto de la moral. Y por el mismo principio se hace lo propio con las consecuencias de todas las transgresiones. Sin embargo, es posible pensar la transgresión sin contaminarla con normas éticas. ¿Es posible pensar la transgresión divorciada de lo escandaloso, perverso o subversivo?, ¿es posible pensarla de manera no negativa?, ¿y pensarla sin valorar?
Quizá sería posible si la sustrajéramos del mundo maniqueo de la eticidad bivalente: bueno o malo, tolerado o discriminado. Desde esa perspectiva la transgresión es autoafirmación de una línea de fuga del deseo. Rómulo consolidando el gobierno de la ciudad. Edipo gobernando en lugar de su asesino. Numitor poseyendo a su hija y fecundando. La madre de Moisés arrojándolo a una vida poderosa. Caín rechazando la arbitrariedad divina. María por siempre reina.
* Doctora en Filosofía (UBA). Texto extractado del artículo "La transgresión en sentido extramoral", que se publicará en el número de abril de la revista Topía.
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El Psicoanálisis como actividad práctico-poiética
SE AGREGA LO SIGUIENTE:
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