Material enviado por el Prof. Gallardo para Fundamentos de Filosofía
ARISTÓTELES
Metafísica
Libro
I.
I
El arte comienza,
cuando de un gran número de nociones suministradas por la experiencia, se forma
una sola concepción general que se aplica a todos los casos semejantes. Saber
que tal remedio ha curado a Calias atacado de tal enfermedad, que ha producido
el mismo efecto en Sócrates y en muchos otros tomados individualmente,
constituye la experiencia; pero saber que tal remedio ha curado toda clase de
enfermos atacados de cierta enfermedad, los flemáticos, por ejemplo, los biliosos
o los calenturientos, es arte. En la práctica la experiencia no parece diferir
del arte, y se observa que hasta los mismos que sólo tienen experiencia
consiguen mejor su objeto que los que poseen la teoría sin la experiencia. Esto
consiste en que la experiencia es el conocimiento de las cosas particulares, y
el arte, por lo contrario, el de lo general. Ahora bien, todos los actos, todos
los hechos se dan en lo particular. Porque no es al hombre al que cura el
médico, sino accidentalmente, y sí a Calias o Sócrates o a cualquier otro
individuo que resulte pertenecer al género humano. Luego si alguno posee la
teoría sin la experiencia, y conociendo lo general ignora lo particular en el
contenido, errará muchas veces en el tratamiento de la enfermedad. En efecto,
lo que se trata de curar es al individuo. Sin embargo, el conocimiento y la
inteligencia, según la opinión común, son más bien patrimonio del arte que de
la experiencia, y los hombres de arte pasan por ser más sabios que los hombres
de experiencia, porque la sabiduría está en todos los hombres en razón de su
saber. El motivo de esto es que los unos conocen la causa y los otros la
ignoran.
En efecto, los
hombres de experiencia saben bien que tal cosa existe, pero no saben porqué
existe; los hombres de arte, por lo contrario, conocen el porqué y la causa. Y
así afirmamos verdaderamente que los directores de obras, cualquiera que sea el
trabajo de que se trate, tienen más derecho a nuestro respeto que los simples
operarios; tienen más conocimiento y son más sabios, porque saben las causas de
lo que se hace; mientras que los operarios se parecen a esos seres inanimados
que obran, pero sin conciencia de su acción, como el fuego, por ejemplo, que
quema sin saberlo.(…)
Por otra parte,
ninguna de las acciones sensibles constituye a nuestros ojos el verdadero
saber, bien que sean el fundamento del conocimiento de las cosas particulares;
pero no nos dicen el porqué de nada; por ejemplo, no nos hacen ver por qué el
fuego es caliente, sino sólo que es caliente.(…)
Todo lo que sobre
este punto nos proponemos decir ahora, es que la ciencia que se llama Filosofía
es, según la idea que generalmente se tiene de ella, el estudio de las primeras
causas y de los principios.
Por consiguiente,
como acabamos de decir, el hombre de experiencia parece ser más sabio que el
que sólo tiene conocimientos sensibles, cualesquiera que ellos sean: el hombre
de arte lo es más que el hombre de experiencia; el operario es sobrepujado por
el director del trabajo, y la especulación es superior a la práctica. Es, por
tanto, evidente que la Filosofía es una ciencia que se ocupa de ciertas causas
y de ciertos principios.
- II -
Puesto que esta
ciencia es el objeto de nuestras indagaciones, examinemos de qué causas y de
qué principios se ocupa la filosofía como ciencia; cuestión que se aclarará
mucho mejor si se examinan las diversas ideas que nos formamos del filósofo.
Por de pronto, concebimos al filósofo principalmente como conocedor del
conjunto de las cosas, en cuanto es posible, pero sin tener la ciencia de cada
una de ellas en particular. En seguida, el que puede llegar al conocimiento de
las cosas arduas, aquellas a las que no se llega sino venciendo graves
dificultades, ¿no le llamaremos filósofo? En efecto, conocer por los sentidos es
una facultad común a todos, y un conocimiento que se adquiere sin esfuerzos no
tiene nada de filosófico. Por último, el que tiene las nociones más rigurosas
de las causas, y que mejor enseña estas nociones, es más filósofo que todos los
demás en todas las ciencias; aquella que se busca por sí misma, sólo por el
ansia de saber, es más filosófica que la que se estudia por sus resultados; así
como la que domina a las demás es más filosófica que la que está subordinada a
cualquiera otra. No, el filósofo no debe recibir leyes, y sí darlas; ni es
preciso que obedezca a otro, sino que debe obedecerle el que sea menos
filósofo.
Tales son, en suma,
los modos que tenemos de concebir la filosofía y los filósofos. Ahora bien; el
filósofo, que posee perfectamente la ciencia de lo general, tiene por necesidad
la ciencia de todas las cosas, porque un hombre de tales circunstancias sabe en
cierta manera todo lo que se encuentra comprendido bajo lo general. Pero puede
decirse también que es muy difícil al hombre llegar a los conocimientos más
generales; como que las cosas que son objeto de ellos están mucho más lejos del
alcance de los sentidos.
Entre todas las
ciencias, son las más rigurosas las que son más ciencias de principios; las que
recaen sobre un pequeño número de principios son más rigurosas que aquellas
cuyo objeto es múltiple; la aritmética, por ejemplo, es más rigurosa que la
geometría. La ciencia que estudia las causas es la que puede enseñar mejor,
porque los que explican las causas de cada cosa son los que verdaderamente
enseñan. Por último, conocer y saber con el solo objeto de saber y conocer, tal
es por excelencia el carácter de la ciencia de lo más científico que existe. El
que quiera estudiar una ciencia por sí misma, escogerá entre todas la que sea más
ciencia, puesto que esta ciencia es la ciencia de lo que hay de más científico.
Lo más científico que existe lo constituyen los principios y las causas. Por su
medio conocemos las demás cosas, y no conocemos aquéllos por las demás cosas.
Porque la ciencia soberana, la ciencia superior a toda ciencia subordinada, es
aquella que conoce el porqué debe hacerse cada cosa. Y este porqué es el bien
de cada ser, que tomado en general, es lo mejor en todo el conjunto de los
seres
De todo lo que
acabamos de decir sobre la ciencia misma, resulta la definición de la filosofía
que buscamos. Es imprescindible que sea la ciencia teórica de los primeros
principios y de las primeras causas, porque una de las causas es el bien, la
razón final. Y que no es una ciencia práctica lo prueba el ejemplo de los
primeros que han filosofado. Lo que en un principio movió a los hombres a hacer
las primeras indagaciones filosóficas fue, como lo es hoy, la admiración. Entre
los objetos que admiraban y de que no podían darse razón, se aplicaron primero
a los que estaban a su alcance; después, avanzando paso a paso, quisieron
explicar los más grandes fenómenos; por ejemplo, las diversas fases de la Luna,
el curso del Sol y de los astros y, por último, la formación del Universo. Ir
en busca de una explicación y admirarse, es reconocer que se ignora. Y así,
puede decirse que el amigo de la ciencia lo es en cierta manera de los mitos,
porque el asunto de los mitos es lo maravilloso. Por consiguiente, si los
primeros filósofos filosofaron para librarse de la ignorancia, es evidente que
se consagraron a la ciencia para saber, y no por miras de utilidad. El hecho
mismo lo prueba, puesto que casi todas las artes que tienen relación con las
necesidades, con el bienestar y con los placeres de la vida, eran ya conocidas
cuando se comenzaron las indagaciones y las explicaciones de este género. Es,
por tanto, evidente que ningún interés extraño nos mueve a hacer el estudio de
la filosofía. (…)
Libro IV
- I -
Hay una ciencia que estudia el ser en
tanto que ser y los accidentes propios del ser. Esta ciencia es diferente de
todas las ciencias particulares, porque ninguna de ellas estudia en general el
ser en tanto que ser. Estas ciencias sólo tratan del ser desde cierto punto de
vista, y sólo desde este punto de vista estudian sus accidentes; en este caso
están las ciencias matemáticas. Pero puesto que indagamos los principios, las
causas más elevadas, es evidente que estos principios deben de tener una
naturaleza propia. Por tanto, si los que han indagado los elementos de los
seres buscaban estos principios, debían necesariamente estudiar en tanto que
seres. Por esta razón debemos nosotros también estudiar las causas primeras del
ser en tanto que ser.
II
El
ser se entiende de muchas maneras, pero estos diferentes sentidos se refieren a
una sola cosa, a una misma naturaleza, no habiendo entre ellos sólo comunidad
de nombre; mas así como por sano se entiende todo aquello que se refiere
a la salud, lo que la conserva, lo que la produce, aquello de que es ella señal
y aquello que la recibe; y así como por medicinal puede entenderse todo
lo que se relaciona con la medicina, y significar ya aquellos que posee el arte
de la medicina, o bien lo que es propio de ella, o finalmente lo que es obra
suya, como acontece con la mayor parte de las cosas; en igual forma el ser
tiene muchas significaciones, pero todas se refieren a un principio único. Tal
cosa se llama ser, porque es una esencia; tal otra porque es una modificación
de la esencia, porque es la dirección hacia la esencia, o bien es su
destrucción, su privación, su cualidad, porque ella la produce, le da
nacimiento, está en relación con ella; o bien, finalmente, porque ella es la
negación del ser desde alguno de estos puntos de vista o de la esencia mismaLibro V
II -
Se llama Causa, ya la
materia de que una cosa se hace: el bronce es la causa de la estatua, la plata
de la copa y, remontándonos más, lo son los géneros a que pertenecen la plata y
el bronce; ya la forma y el modelo, así como sus géneros, es decir, la noción
de la esencia: la causa de la octava es la relación de dos a uno y, en general,
el número y las partes que entran en la definición de la octava. También se
llama causa al primer principio del cambio o del reposo. El que da un consejo
es una causa, y el padre es causa del hijo; y en general, aquello que hace es
causa de lo hecho, y lo que imprime el cambio lo es de lo que experimenta el
cambio. La causa es también el fin, y entiendo por esto aquello en vista de lo
que se hace una cosa. La salud es causa del paseo. ¿Por qué se pasea? Para
mantenerse uno sano, respondemos nosotros; y al hablar de esta manera, creemos
haber dicho la causa. Por último, se llaman causas todos los intermedios entre
el motor y el objeto. La maceración, por ejemplo, la purgación, los remedios,
los instrumentos del médico, son causas de la salud; porque todos estos medios
se emplean en vista del fin. Estas causas difieren, sin embargo, entre sí, en
cuanto son las unas instrumentos y otras operaciones. Tales son, sobre poco más
o menos, las diversas acepciones de la palabra causa.
De esta diversidad de
acepciones resulta que el mismo objeto tiene muchas causas no accidentales, y
así: la estatua tiene por causas el arte del estatuario y el bronce, no por su
relación con cualquier otro objeto, sino en tanto que es una estatua. Pero
estas dos causas difieren entre sí; la una es causa material, la otra causa del
movimiento. Las causas pueden igualmente ser recíprocas: el ejercicio, por
ejemplo, es causa de la salud, y la buena salud lo es del ejercicio; pero con
esta diferencia: que la buena salud lo es como fin y el ejercicio como
principio del movimiento. Por último, la misma causa puede a veces producir los
contrarios. Lo que ha sido por su presencia causa de alguna cosa, se dice muchas
veces que es por su ausencia causa de lo contrario. Decimos: el piloto con su
ausencia ha causado el naufragio de la nave; porque la presencia del piloto
hubiera sido una causa de salvación. Pero en este caso, las dos causas, la
presencia y la privación, son ambas causa del movimiento.
Todas las causas que
acabamos de enumerar se reducen a las cuatro clases de causas principales. Los
elementos respecto de las sílabas, la materia respecto de los objetos
fabricados, el fuego, la tierra y los principios análogos respecto de los
cuerpos, las partes respecto del todo, las premisas respecto de la conclusión,
son causas, en tanto que son el punto de donde provienen las cosas; y unas de
estas causas son sustanciales, las partes, por ejemplo; las otras esenciales,
como el todo, la composición y la forma. En cuanto a la semilla, al médico, al
consejero, y en general al agente, todas estas causas son principios de cambio
o de estabilidad. Las demás causas son el fin y bien de todas las cosas; causa
final significa, en efecto, el bien por excelencia, y el fin de los demás
seres. Y poco importa que se diga que este fin es el bien real o que es sólo
una apariencia del bien.
A estos géneros
pueden reducirse las causas. Éstas se presentan bajo una multitud de aspectos,
pero pueden reducirse también estos modos a un pequeño número. Entre las causas
que se aplican a objetos de la misma especie, se distinguen ya diversas
relaciones. Son anteriores o posteriores las unas a las otras; y así el médico
es anterior a la salud, el artista a su obra, el doble y el número lo son a la
octava; en fin, lo general es siempre anterior a las cosas particulares que en
él se contienen. Ciertas causas están marcadas con el sello de lo accidental, y
esto en diversos grados. Policleto es causa de la estatua de una manera, y el
estatuario de otra; sólo por accidente en el estatuario Policleto. Además hay
lo que contiene lo accidental. Así, el hombre, o ascendiendo más aún, el
animal, es la causa de la estatua, porque Policleto es un hombre, y el hombre
es un animal. Y entre las causas accidentales, las unas son más lejanas, las
otras son más próximas. Admitimos que se diga que la causa de la estatua es el
blanco, es el músico; y no Policleto o el hombre.
Además de las causas
propiamente dichas y de las causas accidentales, se distinguen también las
causas en potencia y las causas en acto; como, por ejemplo, el arquitecto
constructor de edificios y el arquitecto que está construyendo un edificio
dado. Las mismas relaciones que se observan entre las causas, se observan
igualmente entre los objetos a que ellas se aplican. Hay la causa de esta
estatua en tanto que estatua, y la de la imagen en general; la causa de este
bronce es tanto que bronce, y en general la causa de la materia. Lo mismo
sucede respecto a los accidentes. Finalmente, las causas accidentales y las
causas esenciales pueden encontrarse reunidas en la misma noción; como cuando
se dice, por ejemplo, no ya Policleto, ni tampoco estatuario, sino Policleto
estatuario.
Los modos de las causas
son en suma seis, y estos modos son opuestos dos a dos. La causa propiamente
dicha es particular o general, la causa accidental es igualmente particular o
general: las unas y las otras pueden ser combinadas o simples. Por ejemplo,
todas estas causas existen en acto o en potencia. Pero hay esta diferencia
entre ellas; que las causas en acto, lo mismo que las causas particulares,
comienzan y concluyen al mismo tiempo que los efectos que ellas producen: este
médico, por ejemplo, no cura sino en cuanto trata a este enfermo, y este
arquitecto no es constructor sino en cuanto construye esa casa. No siempre
sucede así con las causas en potencia; la casa y el arquitecto no perecen al
mismo tiempo.
- VII
-
El Ser se
entiende de lo que es accidentalmente o de lo que es en sí. Hay, por ejemplo,
ser accidental, cuando decimos: el justo es músico, el hombre es músico, el
músico es hombre. Lo mismo poco más o menos, que cuando decimos que el
músico construye, es porque es accidental que el arquitecto sea músico o el
músico arquitecto; porque, cuando se dice: una cosa es esto o aquello,
significa que esto o aquello es el accidente de esta cosa; lo mismo que,
volviendo a nuestro asunto, si se dice: el hombre es músico o el músico es
hombre, o bien: el músico es blanco o el blanco es músico, es, en el
último caso, porque uno y otro son accidentes del mismo ser. El músico no es
hombre, sino porque el hombre es accidentalmente músico. En igual forma no se
dice que el no blanco es, sino porque el objeto del cual es accidente, es.
El ser toma el nombre
de accidental, bien cuando el sujeto del accidente y el accidente son ambos
accidentes de un mismo ser; o cuando el accidente se da en un ser; o, por
último, cuando el ser, en que se encuentra el accidente, es tomado como atributo
del accidente.
El ser en sí tiene
acepciones como categorías hay, porque tantas cuantas se distingan otras tantas
son las significaciones dadas al ser. Ahora bien, entre las cosas que abrazan
las categorías, unas son esencias, otras cualidades, otras designan la
cantidad, otras la relación, otras la acción o la pasión, otras el lugar, otras
el tiempo: el ser se toma en el mismo sentido que cada uno de estos modos. En
efecto, no hay ninguna diferencia entre estas expresiones: el hombre es
convaleciente y el hombre convalece; o entre estas: el hombre es andante
y el hombre anda. Lo mismo sucede en todos los demás casos. (…)
VIII -
Sustancia se dice de
los cuerpos simples, tales como la tierra, el fuego, el agua y todas las cosas
análogas; y en general, de los cuerpos, así como de los animales, de los seres
divinos que tienen cuerpo y de las partes de estos cuerpos. A todas estas cosas
se llama sustancias, porque no son los atributos de un sujeto, sino que son
ellas mismas sujetos de otros seres. Desde otro punto de vista, la sustancia es
la causa intrínseca de la existencia de los seres que no se refiere a un
sujeto: el alma, por ejemplo, es la sustancia del ser animado.(…)
Por último, el
carácter propio de cada ser, carácter cuya noción es la definición del ser, es
la esencia del objeto, su sustancia misma, de aquí se sigue que la palabra
sustancia tiene dos acepciones: o designa el último sujeto, el que no es
atributo de ningún ser, o el ser determinado, pero independiente del sujeto, es
decir la forma y la figura de cada ser.
Libro VII
I
El ser se entiende de
muchas maneras, según lo hemos expuesto más arriba, en el libro de las diferentes
acepciones. Ser significa, ya la esencia, la forma determinada, ya la
cualidad, la cantidad o cada uno de los demás atributos de esta clase. Pero
entre estas numerosas acepciones del ser, hay una acepción primera; y el primer
ser es sin contradicción la forma distintiva, es decir, la esencia. En efecto,
cuando atribuimos a un ser tal o cual cualidad, decimos que es bueno o malo,
etc., y no que tiene tres codos o que es un hombre, cuando queremos, por lo
contrario, expresar su naturaleza, no decimos que es blanco o caliente ni que
tiene tres codos de altura, sino que decimos que es un hombre o un dios. Las
demás cosas no se las llama seres, sino en cuanto son: o cantidades del ser
primero, o cualidades, o modificaciones de este ser, o cualquier otro atributo
de este género. No es posible decidir si andar, estar sano, sentarse son
o no seres, y lo mismo sucede con todos los demás estados análogos. Porque
ninguno de estos modos tiene por sí mismo una existencia propia; ninguno puede
estar separado de la sustancia.
Este sujeto es la
sustancia, es el ser particular, que aparece bajo los diversos atributos. Bueno,
sentado, no significan nada sin esta sustancia. Es evidente que la
existencia de cada uno de estos modos depende de la existencia misma de la
sustancia. En vista de esto, es claro que la sustancia será el ser primero, no
tal o cual modo del ser, sino el ser tomado en su sentido absoluto.
Primero se entiende
en diferentes sentidos; sin embargo, la sustancia es absolutamente primera bajo
la relación de la noción, del conocimiento, del tiempo y de la naturaleza. Ninguno
de los atributos del ser puede darse separado; la sustancia es la única que
tiene este privilegio, y en esto consiste su prioridad bajo la relación de la
noción. En la noción de cada uno de los atributos es necesariamente preciso que
haya la noción de la sustancia misma, y creemos conocer mejor una cosa cuando
sabemos cuál es su naturaleza; por ejemplo, qué es el hombre o el fuego, mejor
que cuando sabemos cuál es su calidad, su cantidad y el lugar que ocupa. Sólo
llegamos a tener un conocimiento perfecto de cada uno de estos mismos modos
cuando sabemos en qué consiste, y qué es la cantidad, qué es la cualidad. Así
el objeto de todas las indagaciones pasadas y presentes; la pregunta que
eternamente se formula: ¿qué es el ser?, viene a reducirse a ésta: ¿qué es la
sustancia?
Libro IX
- V -
Unas potencias son puestas en nosotros
por la naturaleza, como los sentidos; otras nos vienen de un hábito contraído,
como la habilidad de tocar la flauta; y otras son fruto del estudio, por
ejemplo, las artes. Es preciso que haya habido un ejercicio anterior para que
poseamos las que se adquieren por el hábito o por el razonamiento; pero las que
son de otra clase, así como las potencias pasivas, no exigen este ejercicio.
Potente es el que puede algo en cualquiera circunstancia y manera y con todos
los demás caracteres que entran necesariamente en la definición. Ciertos seres
que pueden producir el movimiento racionalmente, y sus potencias son
racionales, mientras que los otros están privados de razón y sólo tienen potencias
irracionales; las primeras residen necesariamente en un ser animado, mientras
que éstas residen en seres animados y en seres inanimados. Respecto a las
potencias de esta última especie, desde que el ser pasivo y el ser activo se
aproximan en las condiciones requeridas por la acción de la potencia, entonces
es necesario que el uno obre y el otro padezca la acción; pero esto no es
necesario en las potencias de la otra especie. Esto consiste en que cada una de
las primeras, todas sin excepción, sólo producen un solo efecto, mientras que
cada una de las racionales produce lo contrario.
La potencia, se dirá,
produce entonces simultáneamente lo contrario. Pero esto es imposible. Es
preciso, por tanto, que exista alguna otra cosa que determine el modo, la
acción; como por ejemplo, el deseo o la resolución. La cosa cuya realización se
desee, será la cosa que deberá realizarse cuando haya verdaderamente potencia y
el ser activo esté en presencia del ser pasivo. Luego desde el momento en que
el deseo se deje sentir en él, el ser dotado de una potencia racional hará la
cosa que tiene poder de hacer con tal que la condición requerida se cumpla.
Ahora bien, la condición de su acción es la presencia del objeto pasivo y
cierta manera de ser en este objeto. En el caso contrario habría imposibilidad
de obrar. Por lo demás, no tenemos necesidad de añadir que es indispensable que
ningún obstáculo exterior impida la acción de la potencia. Un ser tiene la
potencia en tanto que tiene poder de obrar; poder, no absoluto, sino sometido a
ciertas condiciones, en las que va embebida la de que no habrá obstáculos
exteriores. La supresión de éstos es la consecuencia misma de algunos
caracteres que entran en la definición de potencia. Por esto la potencia no
puede producir a un tiempo, bien se quiera o desee, dos efectos, o los efectos
contrarios. No tiene el poder de producirlos simultáneamente, ni tampoco el
poder de producir simultáneamente efectos diversos. Lo que puede hacer es lo
que hará.
- VI -
Hemos hablado de la
potencia motriz; ocupémonos del acto y determinemos qué es el acto y cuáles son
sus modos. Esta indagación nos llevará a demostrar que por potente no se
entiende sólo lo que tiene la propiedad de mover otra cosa, o de recibir de
ella el movimiento; movimiento propiamente dicho, o movimiento de tal o cual
naturaleza, sino que tiene también otras significaciones, y fijaremos estas
significaciones en el curso de esta indagación. El acto es respecto a un
objeto, el estado opuesto a la potencia: decimos, por ejemplo, que el Hermes
está en potencia en la madera; que la mitad de la línea está en potencia en la
línea entera, porque podría sacarse de ella. Se da igualmente el nombre de
sabio en potencia hasta al que no estudia, si puede estudiar. Puede concluirse
de estos diferentes ejemplos particulares lo que entendemos por acto, no
precisamente para definirle con exactitud, pues debemos a veces contentarnos
con analogías. El acto será el ser que construye, relativamente al que tiene la
facultad de al que duerme; el ser que ve de ver; el objeto que sale de la
materia, relativamente a la materia; lo hecho, con relación o lo no hecho.
Demos el nombre de acto a los primeros términos de estas diversas relaciones;
los otros son la potencia.
Acto no se entiende
siempre de la misma manera como no sea por analogía. Se dice: tal objeto está
en tal otro, o es relativamente a tal otro; se dice igualmente: tal objeto está
en acto en tal otro, o es relativamente a tal otro. Porque el acto significa
tan pronto el movimiento relativamente a la potencia, como la esencia
relativamente a una cierta materia. La potencia y el acto, respecto del
infinito, del vacío y de todos los seres del género se entienden de otra manera
que respecto de la mayoría de los demás seres tales como lo que se ve, lo que
anda o que es visto. En estos últimos casos la afirmación de la existencia
puede ser verdadera, ya absolutamente, ya en tal circunstancia dada. Visible se
dice, o de lo que es visto realmente, o de lo que puede ser visto. Pero la
potencia respecto al infinito no es de una naturaleza tal que el acto pueda
jamás realizarse, como no sea por el pensamiento; en tanto que la división se
prolonga hasta el infinito, se dice que el acto de la división existe en
potencia, pero no existe jamás separado de la potencia.
Como todas las acciones
que tienen un término no constituyen ellas mismas un fin, sino que tienden a un
fin, como el fin de la demacración que es el enflaquecimiento; tales acciones
como la demacración son ciertamente movimientos, pero no son el fin del
movimiento. Estos hechos no pueden considerarse como actos, como actos
completos, porque no constituyen un fin, sino solamente tienden a un fin y al
acto. Se puede ver, concebir, pensar y haber visto, concebido, pensado; pero no
se puede aprender y haber aprendido la misma cosa, curar y haber sido curado;
se puede vivir bien y haber vivido bien, ser dichoso y haber sido dichoso todo
a la vez; sin esto sería preciso que hubiera puntos de detenida en la vida,
como puede suceder con la demacración; pero jamás se ha verificado esto: se
vive y se ha vivido. De estos diferentes modos llamaremos a los unos
movimientos, a los otros actos, porque todo movimiento es incompleto, como la
demacración, el estudio, la marcha, la construcción; y los diferentes modos
incompletos. No se puede dar un paso y haberle dado al mismo tiempo, construir
y haber construido, devenir y haber devenido, imprimir o recibir un movimiento
y haberle recibido. El motor difiere del ser en movimiento; pero el mismo ser,
por el contrario, puede al mismo tiempo ver y haber visto, pensar y haber
pensado: estos últimos hechos son los que yo llamo actos; los otros no son más
que movimientos. Estos ejemplos, o cualquier otro del mismo género, bastan para
probar claramente qué es el acto y cuál es su naturaleza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario